El secuestro
"O coopera usted con nosotros o le pegamos un tiro": así fue el secuestro del doctor Julio Iglesias Puga, 'Papuchi'
La emboscada se cerró en cuestión de segundos. Una pistola, una amenaza y un trayecto que no conducía a ningún estudio de televisión. Anatomía de... reconstruye el instante exacto en que Papuchi descubrió que había caído en un secuestro perfectamente planificado.

Anatomía de..., el programa de laSexta presentado por Mamen Mendizábal, reconstruye lo que ocurrió el 29 de diciembre de 1981, el día en el que secuestraron al padre de Julio Iglesias, el doctor Julio Iglesias Puga, más conocido por la sociedad española como 'Papuchi'. Los secuestradores llevaban semanas preparando el terreno. Se habían presentado como periodistas alemanes interesados en grabar un documental sobre la infancia de Julio Iglesias, habían visitado varias veces al médico en su consulta y habían conseguido ganarse su confianza.
Incluso le enviaron un televisor como regalo cuando regresó de Miami tras pasar la Navidad con su hijo. La entrevista quedó fijada para la mañana del 29 de diciembre. Los periodistas no acudieron a la cita, pero reaparecieron poco después en la maternidad de O'Donnell. Allí se disculparon por el retraso, alegaron problemas de tráfico y le propusieron trasladarse directamente a Prado del Rey, donde supuestamente tenían alquilado un estudio para realizar la grabación.
Papuchi aceptó. Lo que no sabía era que acababa de subir al coche en el que sería secuestrado. Durante el trayecto empezó a sospechar. Según cuenta la periodista Mábel Galaz, al llegar a la carretera de El Pardo observó que el recorrido no coincidía con el camino hacia Prado del Rey.
"Oiga, pero que no es por aquí, se están equivocando", les dijo. Fue entonces cuando todo cambió. "Le apuntan con una pistola con silenciador en el estómago", relata Julia Higueras, autora de la biografía del médico. "Esto es un secuestro. O coopera usted con nosotros o le pegamos un tiro", le dijeron.
Según explica Higueras, el doctor Iglesias apenas tuvo tiempo de reaccionar. Todo sucedió en cuestión de segundos. Los secuestradores le obligaron a ingerir varias pastillas y después le colocaron un esparadrapo sobre la boca. La cinta era tan grande que también le tapaba parcialmente la nariz. "Empieza a hacer aspavientos con las manos", cuenta la biógrafa. Los captores tuvieron que cortar el esparadrapo con unas tijeras para permitirle respirar.
Después sacaron un saco, introdujeron al médico en su interior y lo trasladaron hasta el maletero del vehículo. A partir de ahí, el doctor Iglesias no recuerda nada más. "Dice que le dieron un golpe en la cabeza y perdió el conocimiento", explica Higueras.
Cuando volvió en sí, ya estaba lejos de Madrid. Los secuestradores habían cambiado de vehículo y lo transportaban en una furgoneta. Los dos falsos periodistas desaparecieron y únicamente estaba el conductor, la única persona que conocía el destino final del rehén.
El cuento del documental alemán había terminado. Comenzaban 20 días de cautiverio.
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