Muchas veces parece que el problema que no afecta a Occidente es un problema que no existe. Uno de esos que suelen pasar desapercibidos para el ciudadano del primer mundo pero que afecta cada día a millones de mujeres y niñas es la mutilación genital femenina. Esta práctica consiste en extirpar total o parcialmente el tejido de los órganos genitales femeninos, particularmente del clítoris. No entran dentro de esta categoría las mutilaciones que se hacen por motivos médicos, sino únicamente las que se hacen por razones culturales o religiosas.

Las durísimas consecuencias físicas y psicológicas que deja esta práctica van más allá de sus comunidades y de sus países. Tanto, que no es un problema que haya pasado inadvertido para Naciones Unidas. Su erradicación forma parte de uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y ha hecho que incluso se le dedique un día en el calendario para concienciar sobre la gravedad de esta tradición. Y esa fecha es el 6 de febrero, el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF).

¿Dónde y por qué se practica?

La mutilación se sigue realizando en alrededor de 30 países de África, Oriente Medio y Asia Meridional y en pequeñas comunidades de Latinoamérica, aunque una parte de las mujeres que lo han sufrido han emigrado a Europa Occidental, Norteamérica y Oceanía. La OMS calcula que más de 200 millones de mujeres y niñas vivas actualmente han sido objeto de esta práctica, aunque se cree que las cifras son mucho mayores porque la mutilación se realiza principalmente en el ámbito privado.

La razón detrás de esta tradición es que algunas sociedades creen que al extirpar el clítoris y eliminar el placer sexual de las mujeres se potencia la belleza y el estatus social de la chica, se protege el honor de la familia y aumentan sus posibilidades de matrimonio, explican desde UNICEF. Tanto es así que las familias que se oponen a la mutilación ven como sus hijas son discriminadas por la comunidad, lo que impide sus posibilidades de desarrollo. La mayoría, además, realizan esta ablación cuando las hijas son niñas, en algún momento entre la lactancia y los 15 años.

Por ejemplo, en el condado de Tharaka-Nithi, en Kenia, entre el 8 y el 30% de niñas han sufrido la mutilación genital femenina en los últimos años. Hasta allí viaja cada año Sara Mena, técnico de cooperación en la 'Fundación Kirira', una ONG que se dedica a luchar contra esta práctica en el corazón de África. "Es algo que les impone la sociedad desde pequeñas. Ellas no lo eligen", cuenta Mena a laSexta.com.

"Existen incluso corredores en la frontera entre Kenia y Tanzania donde se mueven grupos que practican la mutilación a las niñas a cambio de que las familias les paguen", reconoce. Eso sí, "si les pillan, van a la cárcel", explica. Algo que antes no sucedía, pero que ahora sí está castigado con penas de prisión en muchos países, pues a nivel internacional se considera una violación grave de los derechos humanos, la salud y la integridad de las mujeres y las niñas, según la web de Naciones Unidas.

¿Qué riesgos supone esta práctica?

Las dificultades que puede causar la mutilación genital femenina para la salud de las mujeres son múltiples, tanto a corto como a largo plazo. "Dolor crónico, infecciones de orina, hemorragias, infertilidad, mayor riesgo de transmisión del VIH, complicaciones durante el parto y, en el peor de los casos, la muerte", enumera Sara Mena. Y los riesgos son también psicológicos, en forma de ansiedad y depresión en las niñas que son sometidas a esta forma de violencia sin consentimiento.

"Además, las consecuencias físicas son distintas según el tipo de mutilación, porque hay tres tipos", explica Mena. "En la más agresiva se cortan los labios mayores y menores del aparato reproductor y esto puede causar dificultades durante la menstruación, que las jóvenes se desangren… y hasta la muerte durante el parto", avisa. El primer tipo supone una resección total o parcial del clítoris y el segundo también de los labios menores. La OMS identifica un cuarto tipo de mutilación, que es la que incluye procedimientos como la punción, perforación, incisión…

El día internacional, una forma de crear conciencia

Esta tradición viene de siglos atrás, pero la celebración de un día en el que concienciar y reflexionar sobre su erradicación es bastante reciente. De hecho, no se cumple ni una década desde que Naciones Unidas decidiera hacer sonar las alarmas de todo el mundo dedicándole una fecha en el calendario. Fue el 20 de diciembre de 2012 cuando la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución en la que se proclamaba el 6 de febrero como el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina.

Los objetivos de esta jornada estaban muy claros: concienciar y movilizar a los Estados, a la propia ONU y a la sociedad civil sobre la importancia de proteger a las niñas de esta práctica tan dañina. Esto, explican en la página web de la organización, se debe hacer mediante la educación, el trabajo comunitario, las campañas de sensibilización y mediante medidas concretas tomadas por todas las instituciones.

Este 2021 el lema que han lanzado desde el Fondo de Población, UNICEF y el Comité Interafricano sobre Prácticas Tradicionales es 'No hay tiempo para la inacción global: Unión, financiación y acción para eliminar la mutilación genital femenina'. Alertan estos organismos de que muchos países están experimentando una "crisis dentro de una crisis", porque la pandemia está provocando un aumento de la mutilación genital femenina, hasta el punto de que en la próxima década podrían detectarse dos millones de casos que sin la llegada del coronavirus se podrían haber evitado.

"Este año, sin las campañas de sensibilización en las escuelas, ha crecido el número de niñas mutiladas y también los embarazos no deseados y los matrimonios forzados", explica Sara Mena. Ellos, por ejemplo, no han podido viajar a Kenia como hacen todos los años. "En la Fundación Kirira vamos siempre en agosto, y este año las restricciones del coronavirus no nos lo han permitido", explica.

Objetivo: erradicarla por completo antes de 2030

Pese a lo arraigado de esta práctica y los escalofriantes datos, Naciones Unidas confía en acabar con la mutilación genital femenina en solo nueve años. El reto de una erradicación plena se incluye entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible dentro de la Agenda 2030. En concreto, el Objetivo 5.3. señala que se deben "eliminar todas las prácticas nocivas para las niñas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina".

Para lograrlo, la ONU cuenta desde 2008 con el mayor programa mundial para acelerar la eliminación de la mutilación genital femenina, que coordinan el Fondo de Población de las Naciones Unidas y UNICEF. Este programa, entre otras tareas, se dedica a financiar al sector público y privado para que pongan en marcha mecanismos nacionales de respuesta e incluso para que creen partidas presupuestarias relacionadas con esta cuestión.

Este programa se centra actualmente en 17 países africanos (Gambia, Kenia, Nigeria, Uganda…) y ha conseguido logros muy importantes. Por ejemplo, casi tres millones de personas han hecho declaraciones públicas para abandonar esta práctica perjudicial, más de dos millones de niñas y mujeres han recibido servicios de atención especializada y se ha duplicado el número de comunidades que han aumentado la vigilancia sobre las niñas en riesgo. El programa también ha conseguido que una parte de la ayuda que destinan los países a la respuesta humanitaria se dedique a atender a las víctimas de la mutilación genital femenina.

España también colabora en este objetivo mundial a través de la iniciativa 'Spotlight', una campaña conjunta de la Unión Europea y Naciones Unidas orientada a eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas. El proyecto pretende sacar a la luz esta práctica, ponerla en el centro de atención y que así se tomen medidas para erradicarla, como explica en su web la Misión Permanente de España ante las Naciones Unidas. Por ejemplo, en Zambia han destinado 25 millones de euros a reforzar la capacidad de las autoridades para cambiar las normas sociales y para combatir y prevenir la violencia sexual, que se manifiesta de formas tan diversas como la mutilación genital femenina.