Estado del bienestar
La historia de Maite, una 'okupa involuntaria' en riesgo de desahucio tras el suicidio de su novio: "Primero perdí a Jon, ahora pierdo nuestra casa"
Los detalles Después de meses de lucha, la Sareb solo ha regularizado a ocho de las familias afectadas del bloque donde vive Maite. Según su versión, lo han hecho "a quienes han querido dialogar". El Sindicato niega que haya personas que no hayan querido negociar y denuncian que la Sareb "presiona, fuerza y divide a los vecinos".

Resumen IA supervisado
Maite, una okupa a su pesar, vive en un constante temor de ser desahuciada del edificio donde reside en Carabanchel. Junto con otros vecinos, ha enfrentado intentos de desalojo por parte de la Sareb, que adquirió el edificio tras la quiebra de la promotora original. La situación se agravó cuando su pareja, Jon, inquilino legal, se suicidó debido a la presión de los desahucios. El Sindicato de Vivienda de Carabanchel ha intervenido en nombre de los vecinos, denunciando las tácticas de presión de la Sareb. A pesar de algunos avances, seis familias, incluida Maite, aún enfrentan la amenaza de desalojo.
* Resumen supervisado por periodistas.
El miedo de Maite a ser reconocida por la calle se palpa en un ambiente desgastado de tanto luchar. Aún quedan marcas, casi todas inapreciables a simple vista, del último intento de desahucio que sufrieron ella y el resto de los vecinos de su edificio. "Parecíamos narcotraficantes, delincuentes. Les dio igual que hubiese niños, personas mayores, dependientes... Fueron puerta tras puerta. Estaban dispuestos a echarla abajo, pero la movilización vecinal -llamados por el Sindicato de Vivienda de Carabanchel- consiguió frenarlo. Por ahora", cuenta Maite.
Nos abre la puerta de su casa y nos invita a pasar tan solo con una condición: "Evitad mi cara, por favor". Maite es okupa, okupa a su pesar. El peso de esa palabra en su vida va mucho más allá de la mera señalización. Nos cuenta que la felicidad para ella es ya tan solo un vago recuerdo del pasado.
"Es un sin vivir constante. Será mañana, no será. Y a dónde iré. Y qué me queda. Y qué dirán". Los 'y' atormentan a una Maite visiblemente emocionada, también avergonzada. "Yo no tiré ninguna puerta abajo. Esta es mi casa desde que me mudé con Jon, cuando éramos pareja", relata. A penas termina la frase cuando su mirada cae al suelo. "Os preparo un café y os cuento". Es evidente que ese nombre, el de Jon, la desarma por dentro.
Su pareja, inquilino legal de la vivienda, se suicida tras varios intentos de desahucio
Ya sentadas en la mesa de su salón, trata de contarnos como llegó hasta esta situación. "Yo a Jon lo conocí hace un par de años. Como tantas otras parejas, me mudé con él a esta casa. Él se mudó aquí allá por el 2018. Firmó contrato con la empresa promotora de este edificio. Hasta ahí todo bien o eso pensaba hasta que esa empresa quebró y la Sareb -el banco malo de España- se hizo con el edificio. Todo esto después de la pandemia. Ahí fue cuando empezaron los problemas para él y para el resto de los vecinos".
Maite conoce el inicio de esta historia como si fuese la suya propia. Ella aún no vivía con Jon pero, cuando comenzaron la relación, decidieron hacer frente al problema juntos. "Pensábamos que la Sareb regularizaría el contrato, pero no. Las órdenes de desahucio del edificio comenzaron a llegar. Y la esperanza de Jon se fue desvaneciendo", relata. Hasta tal punto que, según relata Maite, Jon "no pudo aguantarlo más" y "se quitó la vida". Al contar esto Maite rompe a llorar y el silencio se apodera del salón.
"Para la Sareb aquí no viven personas. Viven números"
Para entrar a la casa de Maite hemos tenido que llegar primero al edificio número 1 de la calle María Guerrero, el barrio madrileño de Carabanchel. En el patio comunitario, en uno de los muros que sostiene el edificio, se puede leer "María Carabanchel resiste". Una mesa con su mantel, sus sillas y su jarrita de agua luce en el centro del porche.
"Aquí es donde celebramos las asambleas para mantener informados a las familias sobre su situación", señala Miren, una de las portavoces del Sindicato de Vivienda Carabanchel. Ellos se han hecho cargo de las negociaciones con la Sareb en nombre de los vecinos afectados. "Es una guerra. Porque no se dignan a mediar. Solo presionan. Y si no aceptamos contratos con cláusulas abusivas, nos amenazan con echar a todos", denuncian.
El bloque no es solo un edificio, es un fantasma de la burbuja inmobiliaria. Se levantó a finales de los 2.000, cuando todo parecía sostenerse sobre ladrillo, y se quedó a medio camino cuando la promotora quebró. Dejó una deuda, explican desde el Sindicato de Inquilinos de Carabanchel, de seis millones de euros. Desde entonces, los vecinos han vivido en una especie de limbo: pagando alquiler durante años sin saber que, sobre el papel, sus contratos no valían nada.
El bloque terminó en manos de la Sareb, el llamado banco malo, y con él llegaron las cartas, las notificaciones de desalojo, las negociaciones a medias y, según aseguran desde el Sindicato y sus vecinos, las amenazas de desahucio.
"La Sareb no reconoce a inquilinos. Para ellos aquí no viven personas, para ellos son meros números. El número de finca -asociado a cada casa- que se hicieron cuando compró la deuda", apuntan desde el Sindicato. Para las catorce familias afectadas se ofrecieron diferentes destinos. Algunas con ofertas de alquiler social, otras señaladas para marcharse.
Contratos de alquiler ilegales con un tercero: el germen del conflicto
La Sareb asegura a laSexta que los contratos que los vecinos habían firmado en su momento con la empresa promotora "nunca fueron legales". LaSexta, que ha tenido acceso a alguno de esos contratos, ha podido constatar que no hay ninguna evidencia, a ojos del inquilino, de que esos contratos no sean válidos.
"Quien alquiló de manera irregular -sin explicárselo, obviamente, a los vecinos- fue la empresa promotora", afirman desde el Sindicato. Afirmación que comparten también desde Sareb.
La vida medida en fechas judiciales por desahucio
Desde entonces, la vida aquí se ha medido en fechas judiciales y madrugones con furgones en la puerta. El último fue el 12 de noviembre de 2025. Intentos de desalojo que se anuncian, se frenan en el último momento y vuelven a aparecer semanas después. Una tregua inestable y un "de momento" que nunca termina de ser definitivo.
Después de meses de lucha, la Sareb solo ha regularizado a ocho de las familias afectadas. Según su versión, lo han hecho "a quienes han querido dialogar y cumplían con los requisitos marcados por la entidad". El Sindicato, que ha actuado como mediador en el proceso, niega que haya personas que no hayan querido negociar y denuncian que la Sareb "presiona, fuerza y divide a los vecinos".
Maite: "Perdí a Jon. Y ahora pierdo nuestra casa"
Seis, por ahora, han quedado fuera, por lo que están en riesgo de desahucio inminente. Una de ellas es Maite. "Yo no tiré ninguna puerta abajo. Yo no he usurpado ninguna vivienda. Yo no he dejado de pagar a ningún arrendatario. A mí no se me ha permitido si quiera pagar porque el contrato estaba a nombre de Jon. Y entonces, ahora que no está, es como si yo no fuese yo. Como si Maite no fuese una persona. Mi realidad no es solo que no importe, es que parece no existir", cuenta.
Maite insiste de nuevo en la parte más dolorosa de su realidad. "La mente, en una situación así, es muy muy jodida. Creo que nadie puede llegar a entenderlo hasta que lo vive en su propia piel. Primero perdí a Jon, ahora pierdo nuestra casa, a pesar de que quiera y pueda hacer frente al alquiler".
La Sareb asegura a laSexta que una de las seis familias que aún viven en riesgo de desahucio inminente será regularizada si acepta la oferta de 'alquiler asequible' que ponen sobre la mesa. Las otras cinco, no detallan quienes, al considerar que "no cumplen con la normativa vigente para este tipo de ayudas", serán desahuciadas.
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