Petra Ferreyra es la madre de Camila, una niña que sufrió a los 10 años el acoso de varios compañeros por ser madrileña afrodescendiente (padre dominicano). Su caso llega precisamente este martes a un juzgado de lo Contencioso-administrativo, donde se verá la demanda presentada por la familia contra la Comunidad de Madrid, institución administrativa a la que pertenece el colegio público -Cardenal Herrera Oria- al que asistía Camila, y se acusa de cometer irregularidades en la aplicación de los protocolos de acoso escolar y labor invigilando.

"Queremos que se reconozcan las negligencias, que se ha obrado indebidamente con nuestra hija y se pongan los medios para que no vuelva a ocurrir", ha comentado esta madre, que recalca: "No es el juicio de Camila, es el juicio de todos los niños que han pasado por una situación de acoso escolar racista".

Petra pide a la sociedad que "abra los ojos" porque "el racismo existe diariamente en las escuelas", aunque sea "de una forma muy velada", y cree que "no se debe minimizar ni paternalizar pues no son cosas de niños sino muy graves y que no se deben consentir".

"Mi hija nos contaba que la aislaban socialmente, la acorralaban en los patios, se metían con su físico, su color, su olor, su piel" y le decían que "nadie la quería", comenta. También tuvo agresiones físicas pues "la tiraban los balones al estómago en gimnasia".

"Cada vez la notábamos más inquieta, comía compulsivamente, estaba irritable", recuerda Petra. Hablaron con el colegio y pidieron la apertura de un protocolo de acoso, pero a los pocos días se "desestima" indicando que solo ha sido "un conflicto leve".

"Se tradujo en una especie de intento de mediación entre iguales cuando no sirve de nada en un caso de esas características", argumenta la madre, que recuerda que la directora de entonces del centro fue obligada a dimitir por la Consejería de Educación madrileña porque había más casos denunciados.

Desde la Consejería de Educación han indicado que la Unidad contra el Acoso escolar estudió el caso en el centro durante el curso 2016-2017 y no lo consideró como "el prototipo de un caso de acoso". La familia decidió cambiar a Camila de centro y llevarla a terapia, donde le detectaron "un cuadro de estrés postraumático". "Nos dimos cuenta de que esto no podía acabar así, que teníamos que denunciarlo e intentar visibilizarlo".

Hoy Camila tiene 13 años, estudia primero de la ESO y sueña con llegar a ser profesora de Educación Especial. Su historia "lamentablemente no me sorprende", destaca Paula Guerra, de SOS Racismo Madrid, donde a menudo reciben denuncias relacionadas con acoso a menores por su color, aunque también "por acentos o prácticas culturales diferentes".

"Cuando los padres han intentado solucionarlo vía los colegios la respuesta es 'esto no es así, están exagerando'. Se vuelve una situación superdramática porque empieza a lacrar a las familias en el ámbito psicológico", añade Guerra.

Otra madre que ha vivido (también en Madrid) esta dura experiencia del acoso escolar racista es la de Alma, que tiene dos hijos afrodescendientes (padre de Guinea-Bisáu). "A mi hija con 6 años otra niña la insultaba diciendo vete a tu país y se metía con su pelo, pero el centro justificaban a la otra menor porque era gitana y decían que estaba en una situación muy desfavorecida".

Al final "la cambié de cole". Con su hijo, de 12 años, se metían por su color en un club de fútbol y, tras sus quejas al entrenador, cree que debió haber "alguna charla" y "le pidieron perdón", explica esta madre. Aunque su hijo sigue en el club, enfatiza: "Lo hemos pasado fatal".

Otro caso es el de Encarnación Ngale, nacida en Guinea ecuatorial y a cuyo hijo, con 11 años, le "han pegado e insultado" en un colegio de Ciudad Real, pero en el centro lo justificaban como "piques entre niños".

"Siempre le dicen al padre afectado que no hay acoso y acaba con ayuda psicológica y cambiando al menor de cole", critica. "Mi hijo acabó el curso a malas, aguantó para acabar Primaria y ahora está en el instituto y de momento está bien", dice Encarnación Ngale, aunque tanto ella como su hijo han necesitado ayuda psicológica.

El acoso debido al color de la piel estaba en el 3,54 % de los casos detectados en Primaria, en el 1,50 % en Secundaria y en el 2,17 % en Bachillerato y FP, según el I Informe anual sobre el acoso escolar en la Comunidad de Madrid, curso 2015-16.

Este lunez, el exjugador de baloncesto Iñaki Zubizarreta, relataba en El Intermedio cómo fue su dura infancia, que no sólo estuvo marcada por "el infierno" que le hacían vivir sus compañeros, sino también por la inacción de sus profesores.

"Tenía a la tutora en contra", reconocía el deportista, que ha asegurado que lejos de hacerle caso, la tutora participaba en su exclusión en el aula: "Me encasilló en el cliché de 'Jacobo, cuanto más alto más bobo' y cuando le hacías una pregunta en clase te respondía que ella no tenía tiempo para responder a un tonto que no te iba a entender".

Un lenguaje que se unía a humillaciones: "Te cogía el examen suspenso y te lo iba enseñando uno a uno por toda la clase humillándote delante de tus compañeros y diciendo 'mira este tonto, lo que ha hecho'". En el siguiente vídeo puedes ver su duro testimonio.