El fantasma del fraude electoral
La ultraderecha mundial deslegitima el voto desde el extranjero en horas bajas: así funciona en España y países vecinos como Francia
El contexto En España, PP y Vox libran una lucha en ver quién llega más lejos a la hora de agitar el fantasma del pucherazo o fraude electoral en nuestros comicios.

Resumen IA supervisado
La deslegitimación del voto extranjero es una estrategia de la ultraderecha global, empleada cuando el voto desde el exterior podría perjudicar sus intereses. Recientemente, el portavoz de Vox, José María Figaredo, propuso en el Congreso privar del derecho a voto a los españoles en el extranjero, alegando problemas de identificación. Existen dos modelos para gestionar estos votos: uno, usado en España, Alemania, EEUU y Reino Unido, donde los votos se suman a la última residencia del votante; y otro, en Francia, Italia y Portugal, donde los votantes extranjeros tienen una circunscripción propia. Estos sistemas reflejan diferentes enfoques sobre la influencia del voto extranjero en los procesos electorales.
* Resumen supervisado por periodistas.
Eso de deslegitimar el voto desde el extranjero es una tendencia de la ultraderecha mundial. De hecho, tiran de esta estrategia cuando consideran que el sentido del voto de los ciudadanos que viven fuera del país puede perjudicarles. Es entonces cuando impulsan medidas para dificultar su participación en los procesos electorales.
Con la premisa de que no quieren que los ciudadanos que vivan fuera decidan en su país, en Estados Unidos (EEUU), el ala trumpista quiere endurecer el voto por correo; Jair Bolsonaro en Brasil pidió eliminarlo y permitir solo el voto impreso; mientras que Hermanos de Italia quieren solo voto presencial en embajadas y consulados. En Hungría, Víktor Orbán creó un sistema para solo permitir el voto por correo en países vecinos, y el resto solo podían hacerlo en embajadas.
Sin ir más lejos, este mismo martes el portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados, José María Figaredo, pedía desde la Cámara Baja privar de su derecho a voto en las elecciones a los españoles que viven en el extranjero, al considerar que no se garantiza su identidad. Un movimiento que se presenta como un intento de luchar frente al PP para agitar el fantasma del pucherazo o fraude electoral.
De esta manera, el voto de los residentes en el extranjero es ahora mismo un tema de preocupación mundial. Tanto que se observan dos grandes modelos. Por un lado, está el que se da en España y que consiste en añadir los votos a la última ciudad en la que vivió el español residente en un país extranjero. Este tipo también se usa en Alemania, EEUU y Reino Unido.
La forma de contar, la gran diferencia
No obstante, se observan matices entre unos y otros. En el caso de los alemanes, se niegan a que ciudadanos que no viven en el país puedan influir en su futuro. Por eso cuentan con normas muy férreas, como la que establece que no voten los que lleven más de 25 años fuera del país. Si bien en Reino Unido también había una norma similar, la retiró recientemente.
Los consulados son básicos en este sistema, ya que son los que recogen los votos y los envían al país de origen, donde se suman a los votos locales. Precisamente, en este punto, es donde se encuentra la gran diferencia con España. Mientras que nosotros contamos los votos al día siguiente, y luego los sumamos a la circunscripción; el resto de países no dan los resultados por separado, pues los contabilizan el mismo día de los comicios.
En cuanto a EEUU, el expresidente George Bush ganó unas elecciones frente a Al Gore por solo 527 votos, habiendo sido el extranjero una de las claves. En este sentido, Florida fue fundamental, ya que allí se aceptaron cientos de votos extranjeros sin matasellos o con errores formales. Según 'The New York Times' eran votos que beneficiaron a Bush, habiendo sido angulares para su victoria tras la anulación del recuento por parte de la Corte Suprema.
La circunscripción propia
El segundo modelo para gestionar el voto extranjero lo usan Francia, Italia y Portugal. Se diferencia en que los votantes extranjeros tienen una circunscripción propia. Por ejemplo, en Portugal los votos del extranjero dan cuatro escaños (dos para los que votan desde Europa y otros dos para los que lo hacen desde fuera).
En el caso de Francia, los extranjeros también eligen a sus propios diputados. De hecho, en 2017 fueron claves para reforzar la victoria del actual presidente galo, Emmanuel Macron. No obstante, cinco años antes también hubo polémica debido a cientos de denuncias sobre problemas en el voto electrónico. En definitiva, dos grandes modelos con los que se cuentan los votos llegados desde el extranjero.