La precampaña ya vaticinaba que estas no serían unas elecciones corrientes, como el terremoto que precede al tsunami político en el que se ha acabado sumergiendo la Comunidad de Madrid ante la proximidad del 4M. Porque se encamina a las urnas con un ambiente tan caldeado y crispado como pocos recuerdan; con una campaña en la que se está imponiendo el 'todo vale', y cuyo desenlace parece ser más trascendental y significativo que el de ganar y gobernar. No es de extrañar: desde el mismo momento en que se convocaron estos comicios autonómicos -con tintes de generales- nada ha vuelto a ser lo mismo en la región.

Mociones de censura, insultos, mentiras, sentencias judiciales, políticos que entraron a formar parte del juego -y políticos que no lo lograron-, encuestas y sondeos más que ajustados, disturbios, amenazas de muerte o debates explosivos. Todo ello forma parte de ese largo etcétera que en poco más de un mes ha situado a Madrid, si no lo estaba ya antes, en los ojos y bocas de todo un país que persigue con expectación, recelo e incertidumbre el avance de una convocatoria que podría acabar reconfigurando todo el escenario político nacional. Porque a estas alturas, más que una carrera por conquistar Madrid, esto se ha convertido en un duelo directo entre dos formas distintas de entender y ejercer la política.

Quién diría a estas alturas que todo comenzó en Murcia. Sí, la onda expansiva que ocasionó la moción de censura presentada por el PSOE y Ciudadanos acabó por no hacer daño a López Miras y beneficiando al PP de Madrid. Ese 10 de marzo que ahora se hace tan lejano, Isabel Díaz Ayuso vio tambalear por unos instantes el reinado hegemónico de los populares en el territorio; instantes en los que se decidió: antes de permitir un Ejecutivo presidido por Gabilondo y la izquierda por otra moción, la Comunidad iría a elecciones. Así lo ratificó la Justicia. Aquella fue la primera de las muchas polémicas que llegaron después.

Prueba de ello es el lema de campaña que escogió la presidenta tan solo unas horas después de dinamitar su pacto de Gobierno con Ignacio Aguado, antes incluso de que hubiera una sentencia judicial. 'Comunismo o Libertad', más que una proclama electoral, era toda una declaración de intenciones que parecía pensada. La formación morada vio sus cartas y no tardó en responder con otro giro de guion que cambió el tablero: Pablo Iglesias anunciaba que abandonaba la Vicepresidencia segunda del Gobierno para arrebatarle el título a Ayuso. Las encuestas empezaron a volverse locas.

La aparición y desaparición estelar de Toni Cantó, uno de los grandes hitos de la campaña

Para entonces, los ataques y descalificativos que ya se venían profiriendo entre partidos, claramente divididos en dos bloques políticos cada vez más polarizados, no sólo se hicieron norma inevitable, sino que se fueron agravando en el transcurso de los días. Entre tanto improperio, y mientras un Ciudadanos herido de muerte sacaba de la ecuación a Aguado y depositaba en Edmundo Bal su última esperanza para no desaparecer del mapa, Ayuso decidió dar un nuevo golpe de efecto: Toni Cantó, uno de los referentes de la formación naranja que había abandonado el partido días atrás por su deriva, se unió a la lista electoral del PP.

También lo hizo el exalcalde de Toledo Agustín Conde, aunque su entrada pasó más desapercibida por el revuelo que provocó un Cantó que pasó de tildar al PP de "máquina de corrupción masiva" a proclamar a Ayuso como la mejor presidenta frente al "peor Gobierno socialcomunista del mundo". Poco les duró la felicidad a ambos, Cantó y Conde, pues nuevamente intervino la Justicia con otra decisión imprevista: quedaban expulsados de la candidatura del PP al no estar censados en Madrid antes del 1 de enero -uno lo hizo el 26 de marzo y otro el 29-, requisito indispensable para entrar en el Gobierno madrileño. Aunque Cantó restó importancia al dictamen y afirmó que continuaría haciendo campaña por Ayuso, poco más se le ha visto junto a la presidenta.

PSOE y Vox aprietan la campaña

Entre los vaivenes judiciales que vivía el PP con su lista electoral, el PSOE de un Gabilondo con confianza y fuerzas renovadas aprovechó para contraatacar, y lo hizo desplegando una enorme lona roja en pleno centro que hacía difícil mirar hacia otro lado. Las figuras silueteadas de Toni Cantó, Rocío Monasterio, Santiago Abascal y Díaz Ayuso se alzaban sobre la concurrida Gran Vía junto al siguiente mensaje: 'Tras la foto, ¿el Gobierno de Colón?'. La iniciativa duró más bien poco. La Junta Electoral instó a retirar esta pancarta por solicitar el voto electoral antes del inicio oficial de la campaña a las elecciones.

No obstante, el PSOE había cumplido su propósito con esta pancarta: recuperar la primera posición como alternativa a Ayuso tras la mediática irrupción de Iglesias. Dejaba así de lado ese tono de moderación diluido que se ha encargado de dinamitar completamente Vox, a quienes las encuestas venían referenciando un estancamiento -algunas incluso les daban un descenso- el 4M frente al crecimiento de Ayuso. Ya desde la precampaña, con mítines como los celebrados en Vallecas se iba acrecentando cada vez más la crispación. Sus discursos se fueron volviendo más agresivos contra el Gobierno de Sánchez sin dejar a un lado las críticas, aunque disimuladas, a Ayuso. Pero todo explotó cuando fueron más allá con su anuncio contra los menores no acompañados.

A través de un cartel en la estación de Sol Vox aseguraba que los 'menas' recibían 4.700 euros al mes mientras que los jubilados solo percibían 426. Una iniciativa racista que, si bien no tardó en desmontarse -como hizo laSexta explicando la mentira-, la Justicia ha decidido no retirar por vía urgente, tal y como reclamaba la Fiscalía. Ni con esas Monasterio dejó escapar la oportunidad de difundir el bulo en el debate de 'Telemadrid'. Un encuentro en el que Ayuso e Iglesias llegaron a echarse en cara los muertos en pandemia y Gabilondo tendió finalmente la mano a Unidas Podemos. Junto a Mónica García, se forjó una unidad decidida a acabar con los más de 25 años de Gobierno del PP.

La tensión llegó a su punto álgido un día después, cuando se dio a conocer que Pablo Iglesias, así como Fernando Grande-Marlaska (ministerio del Interior) y María Gámez (directora de la Guardia Civil), habían recibido amenazas de muerte en cartas que contenían balas en su interior. Un escándalo que volvió a remover los cimientos de la política madrileña por la gravedad de los hechos y que recibió la rotunda condena de la práctica totalidad de líderes y partidos políticos... salvo Vox. La situación se fue de las manos cuando Monasterio, a primera hora de este viernes, puso en duda estas amenazas.

Escándalo en la Cadena SER

"Nosotros ya no nos creemos nada de este Gobierno". Sus palabras fueron la gota que colmó la paciencia de Iglesias, que acudió al debate en la Cadena SER decidido a atajar el discurso de Monasterio de una vez. Al comienzo del encuentro, pidió a su rival que se retractase y condenara lo sucedido. "Ya está bien de blanquear a la ultraderecha", reclamó, advirtiendo de que abandonaría el debate si Monasterio no cambiaba de posición. No solo no lo hizo, sino que quiso provocar aún más a Iglesias: "Si es tan valiente, levántese y lárguese". Dicho y hecho: el candidato de Unidas Podemos se levantó de la mesa decidido a no volver. Poco después lo harían también Mónica García y Gabilondo, manifestando su hartazgo por la actitud de la extrema derecha.

Unidas Podemos y Más Madrid ya han anunciado que no van a acudir a más debates con Monasterio, Vox se ha mostrado eufórico por el resultado de sus actos ("Lo hemos echado del debate de la SER y pronto lo echaremos de la política española", han reivindicado en Twitter) y Ayuso ha condenado las amenazas de muerte, reprochando no obstante que "los que provocan esa violencia se hagan los ofendidos". A falta de diez días para acudir las urnas, la situación política no puede ser más crítica, porque la tensión no solo se palpa en el ambiente, sino también en datos que están lejos de enfriar el conflicto. Así se recoge en el último CIS.

 

El reciente barómetro indica que el PP llegaría a los 54-56 escaños, Vox a los 11-13 escaños y Cs se quedaría a décimas del 5% mínimo para entrar en la Asamblea escaños. Ayuso ganaría las elecciones, sí, pero hay que atender a la suma con Vox (65-69). En la izquierda, el PSOE conseguiría entre 34-36, Más Madrid 22-24 escaños y Unidas Podemos 11-13, por lo que la izquierda tendría opciones serias de gobernar. En suma, obtendrían 67 escaños como mínimo y 73 como máximo. Ahora solo queda pensar en el recuento de unos votos que arrojan dos dudas: quién gobernará y cómo se arregla esto.