El 1 de julio de 1997 parecía que todo había terminado. La Guardia Civil rescataba - tras 532 días secuestrado por ETA - al funcionario de prisiones, José Antonio Ortega Lara. Nueve días más tarde, resultó no ser así. ETA reaccionó secuestrando al concejal de Ermua Miguel Ángel. Y lo hizo bajo una amenaza - comunicada a través de una llamada anónima a EGIN Irratia - que el Gobierno de José María Aznar debía cumplir en 48 horas: si no trasladaba a los 600 presos etarras a Euskadi, el concejal sería asesinado antes de las cuatro de la tarde del sábado 12 de julio.

Así fue y así sonó en la radio aquel jueves 10 julio de 1997. Una noticia que los familiares del concejal no escucharon. El número 11 de la Calle Iparraguirre de Ermua, domicilio del capturado, se llenaba de periodistas. Los familiares del concejal iban entrando a la vivienda. Se iban enterando por los periodistas de la trágica noticia. No daban crédito. Pero ni ellos, ni la Guardia Civil. No pensaban que fuera haber otro secuestro, confiesa Juan Salom, capitán del Servicio de Información de la Guardia Civil de Gipuzkoa en el documental 'El Instante decisivo' de ATRESplayer PREMIUM.

ETA: de tema tabú a motivo de lucha

Aquella condena de muerte movilizó a todo un pueblo, el de la provincia de Vizcaya. Esa misma tarde sus vecinos se congregaron a las 19:00 horas en la plaza de la localidad. Lo que antes era un tema tabú (ETA), a partir de ese día se convirtió en un motivo de lucha y de denuncia, a pesar de que la organización ya había asesinado anteriormente a 67 personas. La concentración de ese jueves fue la primera de muchas. El pleno del consistorio Ermua se hizo eco de la injusticia que vivía una de sus familias e instaron a la sociedad a movilizarse.

La respuesta de los vecinos se vio y escuchó en toda España: una marea de gente paseaba por las calles en compañía de la Policía, que llamaba - con la ayuda de un megáfono - al resto de habitantes, que estaban en sus balcones, a sumarse a la marcha. El llamamiento fue más allá. El Gobierno Vasco, representado en la figura del entonces lehendakari, José Antonio Ardanza, denunció en rueda de prensa lo ocurrido e incidió en una palabra: "esperanza". Pues todavía la había. "Que nadie se atreva a matarla (esperanza) en la persona de Miguel Ángel", dijo Ardanza.

"La prioridad absoluta era encontrarle vivo", ha confesado recientemente a EFE el juez de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, encargado de coordinar la búsqueda a contrarreloj del joven. García todavía recuerda la angustia del padre del joven edil. "Realmente lo que más me ha dejado el recuerdo fue cuando llegué y fui a ver al padre, que además hacía poco que le habían comunicado la noticia en la calle. Y el estar con él antes de irme a la Comisaría de Deusto fue realmente para mí muy impactante. Ver el sufrimiento de aquel hombre ante el desconocimiento de lo que le iba a pasar a su hijo".

Lazos azules y faxes en el consistorio

Aquel viernes de 1997 las horas pasaban cada vez más rápido, aseguran los vecinos en el citado documental. Ermua se llenaba de carteles con la cara de Miguel Ángel con un mensaje: "Miguel te esperamos". Los lazos de color azul - símbolo instaurado por el secuestro de Julio Iglesias Zamora - se repartían entre los vecinos. Los faxes de condolencias, que llegaban de todo el mundo, se iban colocando en las paredes del consistorio. El objetivo: que ETA no acabará con la vida del joven. Y entonces se formó aquella estampa. Todo el pueblo salió a la calle. Los balcones del pueblo estaban vacíos, todo el mundo estaba bajo, en su calles. Sujetando en alto los carteles con la cara del edil y acompañando a su familia.

Día y noche, pues en la víspera de ese sábado el pueblo se reunió para celebrar una vigilia. En silencio y con las velas encendidas, continuaban pidiendo la liberación de Miguel Ángel. La esperanza seguía palpable en el ambiente del día siguiente. Pocas horas antes de que concluyera el ultimátum, a las 12:04 horas, una auténtica marea humana recorrió las calles de Bilbao en la mayor manifestación contra el terrorismo realizada en Euskadi con el apoyo de todos los partidos, salvo Herri Batasuna. La familia y el pueblo de Ermua acudieron en buses al encuentro. La hermana del secuestrado se subió con alegría al vehículo, como muestran las imágenes del documental de ATRESplayer PREMIUM.

Jon Cano, concejal de HB en al Ayuntamiento de Ermua, habló a "título personal" ese viernes en un comunicado de prensa. Pidió la liberación de Miguel Ángel Blanco, así como también el "reagrupamiento" de los presos. Cano no se atrevió a defender a ETA como hacía la gente de HB, señala el alcalde de la localidad de entonces, Carlos Totorika. Esta tarde también habló la hermana del secuestrado al terminar la concentración. La joven pedía al Gobierno que si podía hacer algo, lo hiciese, confiesa su prima en el filme. "En esta cuenta atrás decimos al Gobierno y a las personas que retienen a mi hermano que todo en esta vida se puede solucionar con buena voluntad. Anhelamos y confiamos en que Miguel esté pronto con nosotros".

13 de julio: "ETA suéltalo"

Los gritos de "ETA suéltalo" continuaron la mañana siguiente, hasta que se dio a conocer la noticia. ETA había cumplido su amenaza. "No se pudo hacer más. Cuando estás tratando con psicópatas es muy difícil, muy complicado. Es muy difícil ponerse en la mente de un psicópata", confiesa a Efe juez de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón.

A las 16:50 horas del domingo encontraron a Miguel Ángel maniatado y con un tiro en la cabeza en Lasarte. Aún estaba vivo, pero en estado grave. Esa fue la primera noticia que recibió su familia en el domicilio. La noticia desató una ola de indignación que empujó a cientos de ciudadanos a manifestarse de forma espontánea frente a las sedes de HB, que tuvieron que ser protegidas por ertzainas. El grito contra ETA de los ermuarras se escuchó en todo el mundo y, por primera vez, gritaron sin miedo. La sede de HB de la localidad fue incendiada. El alcalde apagó su fuego. Con un objetivo. "Demostrar que nosotros teníamos un valores distintos y que no utilizábamos la violencia", confiesa en el documental.

A las 00.03 horas del 13 de julio, Miguel Ángel Blanco falleció en el hospital por muerte cerebral. Los lazos azules se cambiaron por los negros en los balcones de toda Ermua. Una vez más, sin miedo a defender la causa. "ETA, escucha, así es como se lucha", se cantaba en las diferentes concentraciones que tenían lugar alrededor de España.

¿Qué ha pasado con los culpables del asesinato de Miguel Ángel Blanco?

Eibar Ibon Muñoa, exconcejal de HB, colaboró en aquel secuestro: dio cobijo a los tres miembros del comando e informó sobre Blanco. Está en libertad desde octubre de 2020. El terrorista Txapote, Javier García Gaztelu, fue detenido el 22 de febrero de 2001 en Las Landas (Francia), como recuerda laSexta en el siguiente vídeo. La sentencia de la Audiencia Nacional condenó en junio de 2006 a Txapote a 50 años por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, de 29 años. El documento concluyó que fue él quien apretó dos veces el gatillo y acabó con la vida del concejal.

La actitud de él y la de su mujer, Irantzu Gallastegi, en el juicio fue de "absoluta indiferencia y desprecio". Y así lo recogieron sus declaraciones en la sala: "Aceptamos que somos militantes de ETA y no vamos a parar en la lucha por la libertad de Euskadi". Fue ella, según dictó la sentencia, quien abordó el 10 de julio de 1997 al concejal de Ermua en torno a las 15.30 horas cuando se bajó en la estación de Eibar. Nunca se ha sabido qué le dijo ni si le amenazó con algún arma para introducirlo en el coche en el esperaban Txapote y Oker y conducirlo "hasta un lugar que no se ha podido identificar".

Dieciséis años más tarde, siguen sin mostrar ningún arrepentimiento por ninguno de sus crímenes, recoge Efe. El del concejal del PP no fue el único que cometieron. A su historial se suman una decena de muertes como las Gregorio Ordóñez, Fernando Múgica, José Luis López de la Calle o Fernando Buesa y su escolta. Txapote acumula condenas que alcanzan los 500 años en prisión (todavía tiene una causa aún pendiente por el asesinato en 1998 del concejal del PP en Rentería Manuel Zamarreño). En agosto del próximo año cumplirá las tres cuartas partes de la condena, que terminaría en febrero de 2031.