Anders Breivik sigue en prisión

Noruega, 15 años después de la matanza de Utøya: 77 muertos a manos de la ultraderecha que sigue amenazando al país nórdico

Noruega recuerda que el atentado de Breivik no fue un "desastre natural fortuito", sino un ataque contra "jóvenes que trabajaban por la democracia". El primer ministro insiste en que la extrema derecha sigue siendo una amenaza en su país.

La imagen de Anders Breivik, el asesino de Utøya, en la prensa escandinava en 2011

El 22 de julio de 2011, la ex primera ministra noruega Gro Harlem Bruntland llegó a la isla de Utøya (Noruega), propiedad de las juventudes del Partido Laborista Noruego, a menos de 40 kilómetro del centro de la capital, Oslo. Allí, habló sobre el auge del fascismo en los años 30 para los jóvenes que estaban en el campamento de verano organizado por el partido. Se fue después, pero pudo haber muerto, porque Anders Breivik aseguró después que su intención era capturarla y decapitarla. Pero eso se supo después.

Aquel día, pasadas las 15:00h, una furgoneta blanca aparca cerca de la oficina del primer ministro de Noruega; de ella sale un hombre, vestido como un agente y con una pistola en la mano. Se va y minutos después, explota. Mientras los equipos de emergencia acuden a la zona, la vida continúa y este hombre, vestido aún de agente, se sube a un ferry haciéndose pasar por un policía que iba a 'asegurar' la isla de Utøya. Allí llegó pasadas las 17:00h y frente al edificio principal, empezó a disparar. El capitán del ferry avisa a la Policía, que tarda unos 20 minutos en llegar al embarcadero frente a la isla, desde donde oyen disparos.

La Policía llegó a la pequeña isla cerca de una hora después que Breivik. En ese tiempo mató a 30 personas en la cafetería, a otras 10 en la campa y a otras cinco que trataron de esconderse. Se detuvo en los ataques para llamar a la Policía, pero después retomó su arma y continuó: en la isla de Utøya consiguió matar a 69 personas. En el atentado con bomba de Oslo, a otras ocho.

El peor atentado de la historia de Noruega

Aquel fue el peor atentado de la historia de Noruega y también el peor acto de violencia cometido en suelo noruego desde la Segunda Guerra Mundial. Y su naturaleza fue puramente ideológica: Anders Behring Breivik (1979) era un simpatizante de la extrema derecha, islamófobo, misógino y nunca pidió perdón por nada de lo que hizo. Durante su juicio, aseguró que sus actos eran "necesarios" y que actuaba en defensa propia contra la Europa multicultural que odiaba. Lo hizo, además, después de saludar al juez con el saludo fascista.

15 años después, el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Store, no olvida que lo de Utøya no fue "un desastre natural fortuito", sino un ataque "contra jóvenes que trabajaban por la democracia noruega y que tenían un auténtico compromiso social". En el acto de conmemoración del 15.º aniversario de la masacre, Store ha advertido, asimismo, de que la sociedad noruega "no está inmunizada" contra el terrorismo, insistiendo en que la extrema derecha sigue siendo una "grave amenaza para la seguridad" en Noruega. "Es muy doloroso pensarlo, pero esa es la realidad".

Un manifiesto al estilo 'Unabomber'

Días después del atentado de Breivik, se localizó un manifiesto de unas 1.500 páginas bajo el título '2083: Una Declaración Europea de Independencia', atribuido directamente al autor de la masacre. En el documento, relata cómo se preparó para el atentado, cómo desarrollaba sus coartadas, cómo se entrenó físicamente, cómo consiguió hacerse con las armas... Según una página web colaborativa antiislámica noruega, en la que el propio Breivik colaboraba, gran parte del manifiesto estaba copiado directamente del manifiesto de 'Unabomber', autor de numerosos ataques con bomba en Estados Unidos, cambiando el término 'izquierdista' por el de 'marxista cultural.

En sus últimas publicaciones, Breivik aseguraba que había tres botellas de un vino francés para que había comprado años atrás a la espera de una "ocasión especial", y aunque decidió llevar una para sus últimas navidades en familia, su idea era "guardar la última para la celebración" de su "martirio", y bebérsela con "dos prostitutas de lujo" que pensaba "contratar" antes de su misión. "Creo que hoy será mi última entrada. Hoy es viernes 22 de julio. 12:51h. Saludos cordiales, Andrew Berwick. Caballero comandante justiciar. Caballeros templarios de Europa. Caballeros templarios de Noruega". Y fue su última entrada antes de la masacre.

Cuando la Policía se acercó a Breivik en Utøya, tiró las armas y levantó las manos. El tiroteo duró más de una hora, y aún le quedaba una cantidad considerable de munición para sus armas cuando se entregó, según explicó el líder del primer escuadrón policial que llegó a la isla, Haarvard Gaasbakk. "Cuando se dio cuenta de que la Policía había llegado, se acercó a un árbol, dejó su rifle semiautomático y se acercó a los agentes con los brazos levantados para demostrar que iba desarmado. Llevaba un chaleco táctico, que creyeron que podría llevar una bomba. Estuvieron a punto de dispararle en la cabeza", según se explica en la cronología del atentado extraída de la información del periodista Kjetil Stormark por la Academia para el Análisis de Incidentes Críticos de la Universidad John Jay de Justicia Criminal de Nueva York.

77 muertos: 21 años de cárcel

Menos de un año después de la masacre, la Justicia noruega condenaba a Breivik a 21 años de cárcel. Un tribunal compuesto por dos jueces y tres ciudadanos consideró a Breivik un "fanático extremista", pero no un enfermo mental, aunque una de las magistradas sí declaró que tenía rasgos "narcisistas y disociales". Al leer el veredicto y preguntarle al condenado si lo aceptaba, se volvió a retratar: "Sólo quiero pedir disculpas a los militantes nacionalistas de Noruega y Europa por no haber podido matar a más personas".

Sólo 21 años de cárcel, porque esta es la pena máxima en Noruega. Sin embargo, ésta se puede prorrogar a perpetuidad, en bloques de cinco años, si la Justicia considera que el recluso sigue representante un peligro grave para la sociedad. Diez años después de su matanza, pidió su libertad: "Me lavaron el cerebro", aseguraba ante el juez, a quien se dirigió, sin embargo, de nuevo con el saludo nazi y un cartel en el que se podía leer 'Parad el genocidio contra las naciones blancas'. Aseguró que si salía de la cárcel, seguiría luchando por el nacionalsocialismo.

En 2024, denunció a Noruega por el régimen carcelario al que estaba sometido. Breivik entró en régimen de aislamiento a prisión, y muy pocas personas lo han visitado en los 14 años que lleva en prisión, entre ellas su madre, que murió en 2013. La Justicia consideró que Breivik no podía asistir a su funeral. Sólo tiene contacto con personal penitenciario y sanitario. El preso acusaba a Oslo de ser el responsable de sus tendencias suicidas y de su estado depresivo, mientras la Fiscalía insistía en el peligro de Breivik, a quien señaló de mentir con respecto a su salud mental. Un juzgado de Oslo rechazó su demanda.

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