El impacto del coronavirus en los países con menos recursos puede tener otra preocupante consecuencia: con todos sus recursos dedicados a luchar contra a la pandemia, aquellos países de África y Asia con sistemas sanitarios más débiles han visto disminuir sus programas de prevención, diagnóstico y tratamiento de otras enfermedades.

Así lo advierte la directora de Relaciones Internacionales del Fondo Mundial para la lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria, Françoise Vanni, que señala que estos países se han visto "muy afectados en su capacidad de continuar con sus programas de salud normales".

Programas de infecciones como la malaria, el VIH o la tuberculosis, que en países como Nigeria matan a casi un millón de niños menores de cinco años. "Significa que uno de cada ocho niños no llega a cumplir su quinto cumpleaños", lamenta Paula de Beltrán, oficial de Salud de Unicef en el citado país africano.

Desde el año 2002, la lucha contra el VIH ha conseguido reducir en un 61% el número de muertes, mientras que las nuevas infecciones han bajado un 41%. Un esfuerzo titánico que ahora podría desvanecerse: "Vamos a tener un impacto a largo plazo, que va en cascada", avisa Vanni.

Antes de la pandemia, la tuberculosis era la enfermedad infecciosa mas mortífera del mundo. A pesar de su letalidad, en casi 20 años se había conseguido disminuir el número de muertes en un 25%. Sin embargo, los esfuerzos por hacer frente al COVID-19 han dejado a cerca de tres millones de personas infectadas circulando sin control.

"Esto quiere decir que estás operando, literalmente, a ciegas", advierte la Vanni, que señala que no se sabe cuántas personas tienen en estos momentos el virus, quiénes ni qué variante. Se estima que cada una de ellas contagiará a otras 15 personas este año.

El 94% de las muertes por malaria ocurre en África. Una enfermedad que "mata sobre todo a niños menores de cinco años" y supone "una plaga", según explica la directiva del Fondo Mundial. Aunque los sistemas de prevención y control han conseguido que la mortalidad caiga en un 60%, Paula de Beltrán advierte de que "el mayor impacto del COVID ha sido que las comunidades no han llevado a los niños y niñas a los centros de salud".

"Es una bomba de tiempo", avisa por su parte Vanni. Una 'bomba' que, si no se le pone remedio, puede dar al traste con dos décadas de dura lucha contra las enfermedades infecciosas.