Hace un siglo, 20 millones de elefantes poblaban el continente africano. Ahora, tan solo sobreviven poco más de 400.000. Rinocerontes blancos quedan apenas 18.000 y rinocerontes negros, solo 5.000.

Son las especies más amenazadas por la caza furtiva, que cada año mata a más de 30.000 elefantes y un millar de rinocerontes, de acuerdo con Gemma Rodríguez, responsable de Especies de WWF España, que advierte de que "de seguir con este ritmo, podemos hablar de la extinción de muchas de estas especies en los próximos 20 años".

Todo por culpa de un mercado ilegal donde el marfil del colmillo de elefante y la queratina del cuerno de rinoceronte cotizan a precio de oro, porque en países del sudeste asiático se les atribuyen propiedades curativas.

En este sentido, el investigador Eduard Gargallo explica que "en zonas donde hay guerra o en países en conflicto, hay ejércitos o guerrillas, o grupos terroristas o grupos armados que utilizan la venta de estos productos como una forma de financiación".

La caza furtiva mueve 20.000 millones de euros al año y la presión de la comunidad internacional no es suficiente para frenar el drama. Una situación en la que la pandemia tampoco ha ayudado. A este respecto, Rodríguez explica que "con la merma del turismo, al fin y al cabo lo que sucede es que haya menos vigilancia en estos espacios y que los furtivos puedan actuar con más libertad".

"El furtivismo en ciertos sitios es potenciales por el hecho de que las poblaciones locales no ven la conservación y las políticas de conservación como algo propio", apunta por su parte Gargallo.

El activista irlandés Rory Young llevaba años luchando contra la caza furtiva y el martes fue asesinado junto a los periodistas españoles Roberto Fraile y David Beriain. Habían viajado a las entrañas de África para contar cómo y por qué se destruye la vida salvaje. Sin embargo, no les dejaron regresar.