"No hacemos ni para cubrir los gastos y no podemos hacer nada, estamos atrapados. He pensado muchas veces en quitarme del medio y acabar con esto". La llegada del coronavirus ha terminado por abocar a Felicidad, taxista madrileña de 61 años, a un callejón de difícil salida. Viuda, con dos hijos, una situación precaria y una ristra de deudas, ha tenido que mudarse a casa de su madre de 89 años tras ser expulsada de su piso por no pagar el alquiler.

Desde otro lado del teléfono se hace difícil remontar su ánimo, más aún cuando el horizonte que dibuja es tan negro: "He hablado con muchos compañeros que estarían deseando dejar el taxi, pero si no hay trabajo de nada, estamos atados. Además, ¿dónde voy yo con 61 años?". Como el alquiler, también ha dejado de pagar la hipoteca de la licencia del taxi, unos mil euros mensuales que el banco no quiere aplazar por ser deudora con la Seguridad Social.

Según describe, en estos días vuelve a casa con 50-60 euros después de 16 horas de trabajo, cuando necesitaría unos 80 para cubrir los gastos diarios que acarrea sacar el taxi a la calle. Esa es la recaudación que más o menos todos los taxistas vienen recogiendo a diario en esta segunda ola de la pandemia y en grandes ciudades como Madrid y Barcelona.

La actividad del taxi sigue hundida en las ciudades y este sector es uno de los más afectados desde la llegada de la pandemia. La caída de la actividad en estos momentos está entre un 70 y un 90 por ciento según las zonas, según fuentes del sector, y en algunos meses incluso el desplome ha sido mayor que el sufrido por la hostelería.

Por ejemplo, desde el mes de junio la restauración y bares han recuperado su actividad mejor que el taxi, que en agosto se encontraba al 53,4% con respecto al mismo mes de 2019, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. El taxi es la cuarta actividad del sector servicios que en agosto (último dato disponible) mantuvo aún la caída más fuerte, por detrás de alojamientos (-58,3%), transporte aéreo (-75%) y agencias de viajes y operadores turísticos (79,3). El servicio de comidas y bebidas, una de las dos patas de la hostelería registró una caída del 29%, como se puede ver en el siguiente gráfico.

Además, con la desescalada el taxi no vivió una gran recuperación si lo comparamos con la hostelería, que tuvo un mayo respiro en verano. Así, en mayo la actividad aumentó en el taxi un 49% con respecto a abril, y mejoró en junio y julio, pero en agosto volvió a caer el negocio un 5%.

En el siguiente gráfico, que muestra las actividades más afectadas por la crisis, vemos que la hostelería y el turismo tuvieron un impulso al inicio del verano, aunque en agosto el inicio de la segunda ola volvió a hacer mella.

Los representantes del sector se sienten abandonados por la administración pública; creen que atiende más las peticiones del sector hostelero y no está haciendo nada por salvar una actividad que es totalmente dependiente de otras como el turismo, el ocio nocturno o las rutinas laborales paralizadas ahora en gran medida por el teletrabajo.

Ante la situación, el colectivo de Barcelona ha decidido no esperar más y las seis principales asociaciones han convocado a sus más de 10.000 taxistas a movilizarse el próximo lunes 26 en una marcha, en sus taxis, desde la plaza de España de Barcelona hasta la delegación de Gobierno. Las principales asociaciones del gremio en la Ciudad Condal se reunieron este martes para empezar a reclamar más apoyo al sector ante la "ruina total" que viven actualmente, según explica Luis López, presidente de la Agrupación Taxi Companys: "Los taxis se tiran cuatro o cinco horas parados, no se están cubriendo ni los gastos".

La caída de la actividad en Barcelona, indica, está en torno al 85-90%. Pero el problema es que no se ha regulado oficialmente el número de taxistas que trabajan y eso genera un exceso de oferta que pone más nerviosos aún a los profesionales del taxi. Durante el estado de alarma, el Institut Metropolità del Taxi (Imet) sí redujo la oferta al 20%; en junio y julio se amplió al 60%, pero desde agosto, explica López, no existe por normativa una reducción, solo una "recomendación" que están cumpliendo "voluntariamente".

El colectivo de taxis de Barcelona quiere extender su movilización al resto de España ante lo que considera que son demandas que afectan por igual a todos. Por ejemplo, ayudas específicas para el sector, o recuperar nichos de mercado perdidos hace años como los traslados sanitarios no medicalizados, que en la mayor parte de comunidades autónomas realizan las ambulancias.

Para esta petición se apoyan en un estudio que publicó en febrero la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que recomendaba a las administraciones públicas contar con el taxi y los vehículos de alquiler con conductor (VTC) por su menor coste "para las arcas públicas" con respecto a las ambulancias.

Otra de las medidas que exigirán los taxistas de Barcelona es una moratoria generalizada de los préstamos para el pago de las licencias. Muchos taxistas están consiguiendo un aplazamiento de la hipoteca tras negociar con su banco de forma individual, pero en otros casos, como en el de Felicidad, las entidades no lo conceden, abocando a las familias a una situación más complicada aún. "Tenemos compañeros con amenazas de embargo", apunta López.

Madrid exige una reducción de la flota

En Madrid, y a pesar de que la actividad está hundida, una procesión de 15.000 taxistas vagan de parada en parada, hacen colas de más de dos horas para cargar en la estación de Atocha o hasta seis, cuentan algunos, para conseguir una carrera en Barajas. Su jornadas de trabajo circulan en doble fila y esto les lleva incluso a tener que lidiar con los agentes de movilidad.

Durante el primer estado de alarma trabajaron en días alternos para reducir la oferta a cerca de la mitad. En el verano el sector vivió un breve respiro, pero las actuales restricciones motivadas por la segunda ola de la epidemia han precipitado otra vez a la clientela. Por eso en la capital han pedido otra vez reducir la flota, pero el Ayuntamiento de José Luis Martínez Almeida no parece dispuesto a conceder esa petición.

Puede sorprender, pero el Ayuntamiento se escuda en que no hay razones "de salud pública que lo aconsejen", amparados en una consulta realizada a la Comunidad de Madrid en el mes de junio, cuando se publicó la Orden del Gobierno regional con las medidas preventivas una vez pasado el estado de alarma. Preguntado por este asunto, el Ayuntamiento de Madrid ha asegurado a laSexta que "no ha habido ninguna modificación al respecto". Aunque no haya motivos sanitarios, el Ayuntamiento tiene potestad para reducir la oferta del servicio por otra razones, como puede ser la pérdida de clientes.

"No somos de llorar, pero sí nos sentimos abandonados por la administración autonómica y local", explica José Miguel Fúnez, presidente de la Federación Profesional del Taxi de Madrid. Con tono de desánimo, acusa al Ayuntamiento de estar "desaparecido", y lamenta que los "lobbies" de la hostelería consigan que se les haga más caso que al sector del taxi, cuando su actividad está igual de afectada: "Somos un termómetro de la ciudad, y cuando la ciudad no funciona, nosotros tampoco".

Las dificultades añadidas para obtener la ayuda de autónomos

Por la parte autonómica, los taxistas de Madrid esperan que la Comunidad les haga llegar pronto el informe de actividad solicitado que acredite el hundimiento de la demanda, como ya se hizo en la primera ola, cuando se reconoció una caída superior al 75 por ciento.

Este documento podría servir de respaldo al sector a la hora de solicitar las ayudas para los autónomos que ha renovado el Gobierno central, las únicas a la que han podido optar los taxistas, y con dificultades. Para obtener esta ayuda, los autónomos tienen que certificar la caída de la facturación con respecto al año anterior, pero el sistema de fiscalización de los taxis, por módulos, dificulta esta tarea.

El taxi no tiene que presentar facturas, por lo que muchos se encuentran sin poder demostrar esa caída: "Nadie guarda los tickets de hace un año", apunta Angel Julio Mejía, presidente de Fedetaxi. Por eso, las asociaciones gremiales elaboran sus propios informes para demostrar la caída del servicio y respaldar así a sus socios. Sin esa ayuda, además, no se puede obtener la exención de la cuota de autónomos.

De todas formas, los 660 euros de la ayuda del Gobierno no ha sido la panacea. En la mejor de las situaciones, los ingresos han dado para subsistir y poco más: sumado a la exención de la cuota autónomos, y contando con que el banco haya aceptado el aplazamiento de la licencia, un taxista obtiene unos mil euros extra al mes para poder compensar las pérdidas diarias.

Y eso se nota en el ambiente. Antonio, taxista madrileño de 48 años, reconoce que el estado de ánimo es de hundimiento total: "No hay conversación en las paradas, ves a la gente con la cabeza baja, llevándose las mano a la cabeza, como diciendo 'vaya ruina'...". La mañana de este lunes le ha cundido para un par de carreras, pero asegura que se puede estar toda la mañana sin hacer ninguna, y eso hace mella: "14 horas al día así te va comiendo".

De hecho, no esconde que tras la llegada de esta crisis su carácter ha cambiado: "Anímicamente estoy mal, estoy cabreado todo el día, no te diré depresión pero muy poco me falta, es un estado de ansiedad y de nervios continuo", relata. La incertidumbre por lo que pueda venir en los próximos meses no ayuda.

Baleares: el taxi, paralizado por la caída del turismo

Si en Madrid o Barcelona el taxi está hundido, en regiones como Baleares o Canarias la situación es más aguda aún: "Nunca hemos tenido una caída como esta. Nunca había pedido una ayuda". Con 25 años de profesión a sus espaldas, Mari Carmen Navarro asegura no haber vivido nada similar, ni siquiera la crisis de 2008 había sido tan "dolorosa" como esta. En zonas como el municipio mallorquín de Calviá, en el que ella trabaja, la actividad está totalmente hundida con la caída del turismo.

"Tenemos compañeros metidos en hipoteca, préstamos, pagando coche nuevo…". Aunque no ayuda a llenar los bolsillos, en Baleares al menos el Govern ha reducido la flota, y en este momento trabajan un día y libran cinco. También aprobaron unas ayudas que se agotaron en cuestión de horas, pero la tramitación está atascada, explica Navarro, y algunos taxistas aún ni la han cobrado.

En su caso, reconoce que la administración regional y el Consistorio están ayudando "como pueden". El Ayuntamiento de Calviá, por ejemplo, da bonos para comprar en los comercios del pueblo.

"Si los hoteles no abren, nosotros no trabajamos"

Mari Carmen Navarro, presidenta de Fedetaxi Baleares

Aun así, Navarro, que además es presidenta de Fedetaxi Baleares, sí reclama que haya más atención hacia el taxi: "Nosotros estamos igual de afectados que un hotel, si los hoteles no abren, nosotros no trabajamos". Esta taxista lamenta que el sector hotelero tenga más "influencia" con la administración que su sector, o que otros, como el pequeño comercio de la zona "que también están igual de afectados que nosotros", apunta.

A partir de los datos de su asociación, en Baleares la caída del negocio este mes de octubre está siendo de un 90%. El pequeño respiro que hubo a principios de verano resultó ser un espejismo en cuanto Reino Unido impuso la cuarentena a los británicos que volvieran de territorio español.

El ambiente está caldeado y se avecina un nuevo conflicto con el Gobierno central. Los taxistas de Barcelona han emitido un comunicado presentando sus demandas ante la protesta del lunes tras sentirse este sector "abandonado por las administraciones a su suerte". Solicitan "abrir con carácter urgente una vía de diálogo con el Gobierno".

Pero no será fácil, pues el cabreo con la clase política se arrastra desde la anterior confrontación. Angel Julio Mejía, presidente de la Federación Española del Taxi no oculta su indignación: "Nos sentimos totalmente abandonados por la administración, es una vergüenza lo que se está haciendo con este colectivo. Ni la Comunidad, ni el Gobierno central, tampoco, ¿dónde está el decreto Abalos?". Incluso lanza el dardo también a Podemos, que apoyó abiertamente al taxi en su conflicto con las VTC: "¿Dónde están los que se hacían la foto con el taxi, que iban a los debates en taxi y ahora no se acuerdan para nada?".

Más allá de disputas políticas, la crisis sanitaria ha cavado aún más el hoyo económico en el que se encontraban familias como la de Felicidad. Es difícil levantar el ánimo a una persona que no ve salida y que asume con normalidad que ha pensado varias veces en quitarse la vida. Solo se anima al hablar de sus propios compañeros del taxi, que hicieron una colecta cuando tuvo que dejar su casa para poder costear la mudanza: "No sé qué hubiera hecho sin ellos", asegura.