La espera se hizo larga y seguirá dilatándose. El Corvette C8 ha recorrido un largo camino hasta su comercialización en medio de las suspicacias generadas por un cambio de filosofía tan radical para el deportivo estadounidense por excelencia. Se abandonaba el concepto del motor situado en el capó delantero y se optaba por otra que sobre el papel está más cercana a sus principales rivales europeos. Si se esperaba que las primeras unidades llegaran a sus clientes a finales de este mismo 2019, ahora el plan se ha visto seriamente alterado.

Tal y como ha confirmado representantes de General Motors a medios estadounidenses, la huelga de 40 días ya desconvocada por los trabajadores de la empresa ha obligado a cambiar la fecha de inicio de la producción del Corvette C8, desplazándola en este caso hasta febrero de 2020 debido al retraso que se ha acumulado también al llegar los últimos pedidos de la generación pasada.

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Una vez satisfecha dicha demanda, la factoría de Bowling Green, en Kentucky, deberá realizar un cambio de geometrías y adaptar las líneas a la fabricación del nuevo modelo, por lo que se espera que sea cerrada durante unas semanas, tiempo que se aprovechará también para formar a los trabajadores ante las nuevas peculiaridades del proceso.

Queda por saber si este cambio de planes también puede afectar en el panorama deportivo con el estreno del C8.R GTE/GTLM. El primer Corvette de competición con motor en posición central tenía planeado su debut en las próximas 24 Horas de Daytona, enero, mientras que en el Mundial de Resistencia debería llegar de cara al fin de semana doble que IMSA y WEC comparten en Sebring antes de viajar a La Sarthe para correr las 24 Horas de Le Mans en julio. En el pasado ya se han hecho excepciones en cuanto a la homologación de otros modelos como el Ford GT LM GTE y las unidades mínimas construidas de la variante de producción que hay que alcanzar para cerrar dicho proceso.