ES HORA DE VOLVER A LA REALIDAD
El CEO de Fiat propone una forma de hacer coches más baratos: limitar su velocidad
El CEO de FIAT propone una idea descabellada: Abandonar los tanques con ruedas y regresar a los compactos y utilitarios.

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Si alguna vez has conducido un Seat Marbella o un Fiat Cinquecento, sabes perfectamente de qué va esto. Olivier François, que es el CEO de Fiat, ha propuesto algo que suena a herejía moderna pero que cae de cajón, y es que habría que limitar la velocidad máxima de sus coches urbanos a 120 km/h para que salgan más baratos. Vamos, que quiere volver a aquellos tiempos en los que un utilitario era exactamente eso, un utilitario sin pretensiones que cumplía su función sin arruinarte en las letras ni el consumo.
Aquellos coches humildes que funcionaban sin fallar jamás
Aquellos coches tenían motores de 45 caballos que tardaban una eternidad en llegar a los 100 km/h, pero nadie se quejaba porque costaban cuatro duros y consumían como un mechero. La gente compraba esos coches sabiendo exactamente qué se llevaba, un medio de transporte básico que te sacaba de apuros sin darte quebraderos de cabeza ni en la compra ni en el mantenimiento.

Esos utilitarios cumplían una función social importantísima porque permitían motorizar a familias que de otra manera habrían tenido que seguir en transporte público toda la vida. Un Citroën AX de 60 CV no ganaba carreras, pero llevaba a los niños al colegio y a los padres al trabajo sin problemas, mientras que su precio era asumible para cualquier familia de clase media. Además, como no tenían nada electrónico que se pudiera estropear, duraban décadas con un mantenimiento mínimo.
El truco estaba en que nadie esperaba milagros de esos coches, así que nadie se sentía estafado cuando el coche no aceleraba como un cohete o cuando el motor protestaba en las cuestas pronunciadas. La mecánica era simple, los repuestos baratos y cualquier mecánico de barrio los arreglaba sin complicaciones, porque al final eran máquinas honestas que hacían exactamente lo que prometían, que era la libertad de movimiento. Tanto, que los jóvenes se podían permitir uno.
La lógica aplastante de ir más despacio
Si lo piensas fríamente, ¿para qué necesita un Fiat 500 acelerar hasta 180 km/h cuando va a pasarse la vida entre semáforos y atascos? François tiene razón cuando dice que la mayoría de estos coches urbanos se mueven por ciudad, donde la velocidad máxima legal suele rondar los 50 km/h, así que limitar la velocidad máxima a 120 km/h no afecta para nada al uso real que le vas a dar.

Mira, si tienes un utilitario urbano y te vas de viaje una vez al año, tampoco es que vayas a echar de menos esos kilómetros por hora de más. Un coche de estas características en autopista a 140 km/h va sufriendo, consume el doble de lo normal y hace más ruido que un motor diésel de los años 70, así que lo más probable es que el conductor prefiera ir más lento.
Lo que propone Fiat es coherencia pura, porque si un coche está diseñado para ciudad, ¿para qué sobrecargarlo con capacidades que no va a usar nunca? Es como comprarte un teléfono móvil con una cámara con múltiples objetivos que tienes que llevar en una mochila para hacer fotos del menú del bar, completamente innecesario y encima pagas por algo que no aprovechas.
Los ADAS son un impuesto tecnológico
Aquí llegamos a otra cuestión importante, porque la invasión de sensores, cámaras y asistentes electrónicos ha convertido hasta el coche más básico en un festival tecnológico carísimo. Estos sistemas de ayuda a la conducción pueden estar muy bien en un BMW Serie 7, pero en un utilitario urbano son como poner caviar en un bocadillo de chorizo, algo completamente desproporcionado que encarece el producto final sin aportar valor real.

El resultado es que un coche que debería costar 10.000 euros acaba saliendo por 18.000 euros, y claro, así es imposible competir con los fabricantes chinos que llegan con coches básicos a precios de risa. Mientras los europeos se complican la vida cumpliendo normativas cada vez más exigentes, los asiáticos venden coches funcionales sin tanto adorno tecnológico, porque han entendido que no todo el mundo necesita un coche lleno de gadgets. Y es que si bien es cierto que los coches chinos que han llegado se han adaptado a la normativa europea, también es verdad que cuentan con modelos aun más baratos en China que tienen menos equipamiento que en muchos casos es innecesario.
François lo explica muy claro cuando dice que toda esta parafernalia electrónica ha subido el precio de un coche urbano un 60% en cinco años, y es que al final estamos pagando un impuesto tecnológico por sistemas que la mayoría de la gente ni usa ni necesita. Un detector de fatiga en un coche que se mueve por ciudad a 30 km/h es tan útil como un cenicero en una moto.
Total, que la opinión de Fiat (de su CEO más bien) es volver al sentido común de siempre, el que se valore el tener coches que sean exactamente lo que necesitan ser sin florituras innecesarias. Si conseguimos utilitarios realmente baratos limitando su velocidad máxima, habremos recuperado la esencia de lo que siempre debieron ser estos coches, herramientas de transporte democráticas y accesibles para todo el mundo.
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