SOBRE EL FERRARI PININ 1980
Antes que el Ferrari Luce: la marca italiana ya había diseñado un cuatro puertas, un sedán futurista para los años ochenta
Ni el nuevo eléctrico ni el Purosangue son los únicos con aperturas traseras creados en Maranello. He aquí el coche que pudo haber rivalizado con el Mercedes Benz W126. Retrato de un Santo Grial.

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No creas que las intenciones de Ferrari de lanzar al mercado su coche de cuatro puertas datan de estos últimos años. El Purosangue presentado en 2022 y el polémico eléctrico Luce –ambos con su configuración de bisagras invertidas– son novedad en estos tiempos de Maranello por ser los primeros cuatro puertas de producción de la marca. Lo cierto es que décadas atrás existió un Ferrari sedán que, aunque no llegó a la línea de montaje, fue oficial.
Aerodinámico y futurista, el Ferrari Pinin 1980 fue un diseño que respondió a una época en la que el fabricante italiano repartía a las concesionarias sus clásicos deportivos convertibles coupés, pero en simultáneo una saga alejada de las tradiciones. Fue el Ferrari 400 GT de 1976 en específico el modelo que sirvió de base para este proyecto de berlina que no pasó de experimento.

El chasis, el lenguaje visual de la carrocería y hasta las dimensiones –apenas un centímetro más alto, dos centímetros más ancho y exactamente igual de ancho que el 400 GT– heredó esta creación que, de haberse convertido en una realidad para el mercado, habría competido con referentes como el Mercedes Benz W126, el BMW Serie 7 E23 y el Maserati Quattroporte Serie III.
Un prototipo que aumenta su valor con el paso del tiempo
Lo interesante está en que, en materia de diseño, el Pinin daba algo más que aquellos estereotipos de superficies angulares. En él podían leerse rasgos de dos modelos que le dieron forma indirectamente: el Dino 308 GT4 y su sucesor, el Mondial de 1980. La caída de la luneta al maletero valida las comparativas más que cualquier otro parecido.

Cada cosa en su lugar. Por su condición de sedán, el V12 de cinco litros –tomado del Ferrari 512 BB, no del 400 GT– se instaló debajo del capó. Respetó, eso sí, la propulsión trasera, conectando el motor con la caja manual de cinco velocidades mediante sistema de transeje. En cifras, este concepto calificaba como supersedán, ya que enviaba al eje trasero hasta 360 CV y corría a velocidades estimadas aproximadas a los 280 km/h.
Entre subastas millonarias, este cuatro puertas fue desapareciendo de la escena y sus presencias se limitaron a aniversarios especiales y a sus exhibiciones en la sección de Pininfarina ubicada en el museo de Ferrari. Desarrollado en su tiempo para conmemorar los 50 años del estudio turinés y para rendir tributo a su fundador, el Ferrari Pinin, debido a motivos estratégicos del Grupo Fiat y a las incertidumbres de aventurarse al terreno de las berlinas de lujo, jamás llegó a producción. Que hubo intenciones concretas, eso seguro. Si hasta el mismísimo Enzo Ferrari habría dado su bendición. Cual Santo Grial, hoy, al haber sido el único ejemplar construido, su valor aumenta día a día.
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