Macarena Olona es uno de los máximos exponentes de la pervivencia del tradicionalismo. Una Margarita que creció imbuida por el espíritu de ese feminismo católico de principios de siglo que consideraba que la mujer tenía que tener los mismos derechos del hombre pero manteniendo su sitio asignado por la biología y por Dios. Religión, patria y hogar era el lema fundamental de las precursoras de Olona. Su discurso en el pleno del Congreso lleno de agresividad, ira y exaltación recuerda a algunas de las precursoras más importantes del fascismo español.

El cómic de Doña Urraca no sonará a los millenials. Pero era una caricatura de un personaje de la primera mitad del siglo XX que nos sirve para conocer mejor a Macarena Olona. Se trata de María Rosa Urraca Pastor. La gran propagandista carlista de Acción Católica de la Mujer encaja mucho mejor entre el pensamiento de las mujeres protagonistas en Vox que las que fueron coetáneas de Urraca en la Sección Femenina falangista.

Admiraban a Concepción Arenal. No era extraño entre las mujeres de la Sección Femenina tradicionalista tenerla como referencia, ya que fue la figura principal sobre la que se vehiculó todo el debate de las feministas católicas. Su pensamiento enraizaba bien con una percepción de la mujer biologicista que debía tener por ello responsabilidades distintas de las del hombre. Las feministas tradicionalistas utilizaron la obra de Arenal desde una perspectiva cristiana en la que la mujer tenía derecho a la educación, el trabajo y el voto pero sin perder su posición como mujeres, hijas y esposas. Esa adoración se repite ahora. Rocío Monasterio enarbola su memoria y obra cada vez que puede para contraponerla al feminismo actual como buena mujer tradicionalista.

 

Indalecio Prieto escribió un artículo en el que criticaba las formas extremistas y violentas con las que se expresaba María Rosa Urraca: "Los cavernícolas ya han encontrado su miss", dejó escrito. Urraca se sintió halagada por el calificativo y resignificó aquel apelativo y en sus discursos afirmaba que la caverna era la decencia, la honradez, la virtud, la vida ejemplar y la defensa de la religión y la tradición. Así que se ganó un apodo entre los suyos. Cuando llegaba a los mitines a soltar sus proclamas exaltadas, los requetés la recibían al grito orgulloso de "¡Viva Miss Cavernícola!".

Las mujeres en el tradicionalismo, sin el feminismo que desprecian Olonas y Monasterios, siempre han necesitado que los hombres de su ideología les den vuecencia para hablar. Manuel Fal Conde fue el valedor de Urraca mientras que Espinosa de los Monteros lo ha sido de Olona. Y ha aprovechado su oportunidad. Olona es una gran arengadora, como decían de la propia Urraca. Una mujer que sirve para encender a los suyos y llevarlos al límite y escandalizar a los ajenos. Una margarita propagandista que tiene como labor encender y crispar para que los humores, filias y fobias de los más radicales se vean también representados a través de la voz de una mujer. Atendiendo a la más fiel y rancia herencia tradicionalista. La de los ultramontanos. El discurso de Macarena Olona vociferante e inflamado, intentando medrar entre las baladronadas testorónicas de su partido para ganarse el favor de un partido machista bien sirve para que la diputada de Vox sea una fiel heredera del pensamiento y las formas de María Rosa Urraca Pastor. Los cavernícolas ya han encontrado su miss.