Pablo Hasél entrará en prisión y Oriol Junqueras sale de prisión para hacer campaña. Las anomalías democráticas que aún se suceden de manera habitual en España por un sistema judicial arcaico y con usos y costumbres de togados de clase criada en los brazos de la doctrina posfranquista impiden asociarnos de manera plena con la idea de un Estado democrático pleno. Fallas de sistema que es cierto que, por cuestiones diferentes, se dan en cualquier Estado idealizado por cualquiera. Pero estas, las de Hasél y Junqueras, son las nuestras.

La valentía de un gobierno de coalición, que precie de llamarse el más progresista de la historia, ya tendría que haber proporcionado una solución efectiva, concreta y consistente a que estas injusticias no puedan producirse más, que las que aún se dan no se concreten y las que ya se han dado dejen de sucederse. Ninguna de estas tres realidades las ha afrontado este gobierno. El Código Penal que llevará a la cárcel a Pablo Hasél por sus opiniones, por muy despreciables que sean, no ha sido reformado para que esto no vuelva a producirse. Pero además, el gobierno tiene en su mano conceder el indulto a Pablo Hasél para que no entre en prisión, pero sus cálculos electorales les impiden hacer lo justo por si les perjudica. Cobardía sin valores.

Las elecciones catalanas son precisamente las que impedirán hacer lo justo a este gobierno con otros presos. Porque no va a promover el indulto para los presos del procés y que salgan de la cárcel después de cumplir varios años de una condena totalmente desproporcionada hasta que el proceso termine. Libres de la cárcel tienen que estar, pero sin exonerar de la inhabilitación de cargos públicos megalómanos que consideraron que su nacionalismo esencialista les daba derecho a ir contra los derechos de millones de catalanes que pensaban diferente para llevar el país al borde de un conflicto civil. Las injusticias no se resuelven con medidas injustas y la izquierda desnortada y acomplejada con el nacionalismo sigue sin comprender que el poder que no cumple la ley es la mayor amenaza para los nadie. Porque eso fue el procés, unos dirigentes que usaron su poder para subyugar la voluntad de una minoría que no lo tenía.

Pero hay obstáculos insospechados. Existe cierta izquierda purista que quiere mártires en vez de evitar sufrimiento y que rechaza el indulto a Pablo Hasél porque considera que no ha cometido ningún delito y que por lo tanto sería concederle al Estado una gracia que implica sumisión. Es la izquierda que vive aislada en su mundo de ilusiones, fantasías y castillos en el aire que jamás logrará nada concreto más que dar lecciones vacías, y en su esfuerzo vano prefiere ver a una persona injusta en la cárcel antes que usar las únicas herramientas posibles a su alcance para lograr que una injusticia se lleve a cabo. Es la izquierda fútil de siempre, la que compadrea con el adversario. La que prefiere perseguir lo imposible siendo consciente de que es imposible, prevaricadora socialmente, antes que mejorar de forma sustancial la vida de una persona. Un estorbo melódico.

Es posible que quien más mira y hace por la vida y la libertad de Pablo Hásel y los presos del procés son aquellos que sienten una distancia sideral con sus ideas y sus formas. Pero la justicia y la moral no tiene que buscar la aceptación ni el favor de los condenados, es porque tiene que ser. Aunque los beneficiarios insulten y desprecien. Existe la oportunidad de presionar a este gobierno para que las injusticias se mitiguen, es el arma más efectiva. Los presos del procés tienen que salir de la cárcel y Pablo Hasél nunca tiene que llegar a entrar. Puedes empujar para hacer una sociedad mejor y más justa o ser una rémora. No tengo dudas de que los que dicen defenderlos elegirán ser lastre.