Typical Spanish

La siesta, entre tradición y ciencia: por qué este hábito sigue siendo necesario

Dicen que si caminas por cualquier pueblo o ciudad de España al filo del mediodía, escucharás el son de puertas que se cierran y pasos apresurados rumbo al sofá… y no es siesta, es cultura. Esta pausita después de comer es más que tradición: la ciencia también la aplaude.

Mujer tumbada en un sofáMujer tumbada en un sofáPxhere

Si algo nos define como españoles es esa imagen romántica del tipo acomodado en su sofá, roncando tras una comida copiosa. Tanto es así, que la siesta ha llegado a convertirse en un rasgo típico de nuestra cultura. Pero ojo, no todos en España duermen la siesta como si fueran relojes: un estudio de la BBC revela que casi el 60 % de los españoles jamás se echa la siesta, y solo un 18 % dice hacerlo ocasionalmente. Exploramos qué dice la ciencia sobre la siesta, e intentamos dar explicación a por qué este hábito sigue siendo necesario.

La siesta como herencia cultural

La siesta no es un invento moderno ni una moda pasajera: hunde sus raíces en una España marcada por climas cálidos, jornadas intensas y un estilo de vida que siempre ha valorado la pausa después de comer. En muchas localidades, sobre todo en zonas rurales y en el sur, sigue siendo habitual cerrar comercios y reducir la actividad en las primeras horas de la tarde.

Incluso hay municipios como Ador, en la Comunidad Valencia, donde existe una normativa que recomienda guardar silencio entre las 14:00 y las 17:00 para favorecer el descanso. Aunque el ritmo de vida actual y la jornada partida han modificado sus tiempos y su alcance, la siesta continúa siendo un símbolo de identidad para buena parte del país.

La ciencia detrás del descanso breve

Más allá de la tradición, numerosos estudios avalan los beneficios de una siesta. Eso sí, debe tratarse de algo breve: entre 20 y 30 minutos es más que suficiente.

Investigaciones publicadas por la National Sleep Foundation y la American Academy of Sleep Medicine coinciden en que este periodo de descanso mejora el estado de alerta, la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo, sin llegar a generar inercia del sueño. Incluso se ha comprobado que puede reducir la presión arterial y ayudar a gestionar el estrés.

Otro estudio llevado a cabo por la NASA realizado con pilotos y astronautas demostró que descansar 26 minutos mejoraba el estado de alerta en un 54 % y el rendimiento en un 34 %.

La Harvard Medical School también ha señalado que las siestas cortas pueden ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente en personas con estrés crónico.

En Grecia, un estudio con más de 23.000 adultos publicado en el Archives of Internal Medicine encontró que quienes practicaban siestas regulares tenían un 37 % menos de riesgo de morir por enfermedad cardíaca.

Cómo disfrutar de una siesta eficaz

Dormir una siesta no significa simplemente tumbarse y cerrar los ojos. Para que sea realmente reparadora, conviene seguir algunas pautas. Lo ideal es tomarla justo después de comer, en un ambiente tranquilo y con luz tenue. Una alarma puede ayudar a evitar que se alargue demasiado.

La postura también influye: lo recomendable es recostarse ligeramente o tumbarse en un sofá o cama con la cabeza ligeramente elevada, para facilitar la respiración y la relajación muscular.

Y aunque parezca obvio, conviene evitar comidas excesivamente pesadas o muy ricas en azúcares, que pueden provocar somnolencia prolongada y dificultar la recuperación rápida de energía.

*Añade laSexta como tu medio de referencia en Google y no te pierdas toda la actualidad y el mejor contenido