Patrimonio de la Humanidad, la región de Las Médulas, en la comarca leonesa del Bierzo, es uno de esos rincones únicos de la Península que maravillan desde el primer momento en el que posamos la vista sobre sus característicos peñascos de intenso color rojizo. Pequeñas colinas salpicadas por picos que parecen haber sido colocados a posteriori, que destacan por su altura, pero también por el contraste con el verde intenso que los rodea, permite unos juegos de luz y formas únicos, formados tras el corrimiento de tierras que hicieron los romanos para extraer oro en esta zona.

Precisamente es la unión de historia y naturaleza lo que hace atractiva la región de Las Médulas para poder escaparse con los más pequeños a hacer senderismo por este paisaje único. Gracias a diferentes caminos de poca dificultad, toda la familia puede descubrir cómo era la búsqueda de pepitas de oro hace más de 2.000 años (el ingenioso método romano ‘Ruina Montium’ consistía en deshacer las montañas empleando la fuerza del agua), pero también observar el crecimiento de los castaños u observar las cuevas en donde ya se refugiaban los pueblos íberos.

La Senda de las Valiñas es una de las preferidas por las familias, ya que transcurre por el interior de la zona, incluyendo La Fuente de la Tía Viviana, la Cuevona y la cueva La Encantada (esta con su propio túnel). Además, al ser circular se regresa al mismo punto de partida. Este suele ser el Aula Arqueológica junto al aparcamiento de entrada, donde los pequeños pueden tener la primera toma de contacto sobre lo que van a ver durante los cuatro kilómetros de ruta (con un desnivel de alrededor de 100 metros en total).

Solo necesitaremos el coche para acercarnos hasta el mirador de Orellana, un punto que no hay que perderse porque se ve en su totalidad la comarca. Será, con seguridad, donde más fotos hagamos.

Aunque la zona está habilitada con merenderos, una opción perfecta es aprovechar la escapada para disfrutar de auténtica gastronomía berciana en el pueblo de Las Médulas, donde hay bastantes restaurantes típicos. Será el remate a un día de aventuras, arqueología, naturaleza y cultura. ¿Qué más se puede pedir?