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El pueblo de Francia construido en piedra roja: torres medievales y teatro al aire libre

Collonges-la-Rouge, en el departamento de Corrèze, debe su color a una arenisca cargada de óxido de hierro. Fue el primer pueblo en sumarse a la asociación Les Plus Beaux Villages de France, fundada por su propio alcalde, y cada verano acoge las veladas teatrales de Les Théâtrales.

Collonges-la-Rouge, en Francia

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Hay pueblos con encanto y luego está el que fijó el estándar. Literalmente. En el suroeste de Francia, entre campos de nogales y castaños de la región de Nueva Aquitania, se esconde una villa medieval donde todo (casas, torres, castillos y hasta la iglesia) es de un rojo intenso que parece pintado a propósito. Se llama Collonges-la-Rouge y no solo presume de ser uno de los pueblos más bonitos de Francia: es el lugar donde nació esa famosa etiqueta.

Fue aquí, de la mano de su alcalde Charles Ceyrac, donde se fundó en 1982 la asociación Les Plus Beaux Villages de France, y Collonges se convirtió en el primer pueblo de una lista que hoy suma más de 150 localidades. Vamos, que si buscas el origen de los "pueblos más bonitos", el viaje empieza en este rincón de Corrèze.

El secreto de su color rojo

Lo primero que se pregunta cualquiera al llegar es de dónde sale ese color. La respuesta está en la geología: el pueblo se asienta sobre la falla de Meyssac, que separa la piedra caliza de una arenisca especialmente rica en óxido de hierro. De esas canteras salió la piedra escarlata con la que se levantó todo el conjunto, coronado por tejados de pizarra que añaden contraste azulado a la postal.

El resultado es un casco medieval que ha inspirado a artistas de todo tipo y que se ha ganado el apodo de "la ciudad de las 25 torres" por las torrecillas fortificadas que asoman entre los tejados, herencia de los siglos XV y XVI, cuando los nobles y oficiales del vizcondado de Turenne eligieron Collonges como lugar de residencia y llenaron sus calles de casonas señoriales con aires de pequeño castillo.

Qué ver

El corazón del pueblo es la iglesia de Saint-Pierre, levantada en el siglo XI, con su campanario románico y un tímpano tallado en piedra caliza blanca que destaca sobre el rojo del conjunto. Tras las guerras religiosas, el templo llegó a dividirse en dos para separar los cultos.

Muy cerca esperan la capilla de los Penitentes, de estilo gótico del siglo XV, y la Maison de la Sirène, una residencia del siglo XVI que toma su nombre de la sirena esculpida junto a su entrada y que hoy funciona como museo de tradiciones populares.

La ruta señorial se completa con los castillos de Benge, Maussac y, sobre todo, el de Vassinhac, antigua residencia del gobernador del vizcondado de Turenne. El pueblo se recorre en unas dos horas, pero conviene madrugar, porque es uno de los rincones más concurridos de la zona.

Teatro en verano

Desde 1991, la asociación Les Théâtrales de Collonges organiza entre julio y agosto veladas de teatro al aire libre que llenan de vida las calles rojas al caer la tarde. El plan perfecto para rematar un día de paseo con una cena de cocina de Lemosín en alguna de sus terrazas.

Un pueblo teñido de rojo por la naturaleza, torres medievales recortadas contra el verde y el título honorífico de haber inventado la lista de los pueblos más bonitos de Francia. Collonges-la-Rouge no necesita filtros: le basta con su piedra.

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