COMPRUEBA LA EFICIENCIA
La curiosa relación entre tu termostato inteligente y la huella de calor
Además de los ajustes tradicionales que incluyen los programadores, los termostatos inteligentes nos ofrecen funcionalidades para mejorar la eficiencia energética a través de la huella de calor.

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Los hogares inteligentes ya no se limitan a encender y apagar las luces o a pasar la aspiradora de forma independiente. La tecnología ha avanzado hasta tal punto que son capaces de saber si estamos en casa e incluso aprender de nuestros hábitos para mejorar la confortabilidad de nuestro hogar. A continuación, te contamos cómo puede ayudarnos nuestro termostato.
Mucho más que temperatura
Hasta ahora los termostatos se limitaban a registrar la temperatura en el interior de nuestra casa, y a encender y apagar la caldera en función de esta. Con la incorporación de nuevos sensores has dejado de ser meros medidores de temperatura para convertirse en nuestro gran aliado. Algunos termostatos como los fabricados por Ecobee o Google Nest, se convierten en observadores de nuestro comportamiento biológico.

Gracias a los sensores infrarrojos lejanos o FIR, podemos determinar nuestra presencia buscando de forma activa la firma de calor que emiten los cuerpos de los seres vivos. De forma que son capaces de determinar nuestra presencia. Estos miden la radiación que emiten los seres vivos, lo cual emite una firma térmica muy específica dentro del espectro infrarrojo. Pudiendo determinar la procedencia del calor de una habitación, ya sea por la incidencia del sol sobre esta o porque la estancia se encuentre ocupada.
Detectando incluso los cambios más sutiles en la radiación térmica. De manera que sienten nuestra presencia, por lo que puede determinar si la estancia está siendo ocupada y priorizar la confortabilidad de esta con respecto al resto que se encuentren vacías, una forma de optimizar el consumo de consumo siendo mucho más eficientes. Aunque por lo que más destacan estos dispositivos, además de la capacidad de adaptarse en tiempo real, es por la capacidad de aprendizaje o Machine learning. Al recopilar de forma constante datos, permite hacer un análisis de los datos, no solo de las temperaturas registradas, sino que cruza la información con nuestros horarios, el clima exterior y los datos históricos de ocupación.
Este análisis de patrones, hace que el sistema deje de reaccionar y comience a predecir. Lo que supone que aprende a anticiparse, no teniendo que esperar a que entres por la puerta de tu casa para comenzar a funcionar. Si no que es capaz de calcular el tiempo que tarda en alcanzar el máximo confort, para que cuando lleguemos a casa, esté todo listo. Los avances en domótica han conseguido que dejemos a un lado la programación de horarios para poner en marcha la caldera. Para sentir la presencia biológica a través de sus sensores de infrarrojos y actuar de forma consciente prediciendo el futuro a través del análisis del pasado.
La detección biológica además tiene un impacto directo en nuestra economía. Los modos de uso como el “ausente”, permiten confirmar a través de los sensores nuestra presencia, y evitar el gasto de calentar la casa cuando no es necesario. Un sistema con el que conseguimos un ahorro entre el 10 y el 15% anual, con respecto a los sistemas de programación de horarios. Amortizando el coste de los dispositivos a corto plazo.
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