La España de José Mari
Pádel con banderita, viajes al Caribe y elegir compañía telefónica: aquella España de José Mari en la que casi todos nos sentíamos clase media
El contexto Igual que España se había acostado dictadura y se levantó democracia. Hubo otro tiempo en que se fue a la cama como clase obrera y se despertó clase media. Como todo proceso histórico, no ocurrió en unas horas, pero sí coincidió sobre todo con la llegada al poder del gobierno del 'popular' José María Aznar.

Resumen IA supervisado
El texto describe la transformación socioeconómica de España durante la llegada al poder de José María Aznar en 1996. Aznar prometió un "viaje al centro", apelando a la clase obrera con aspiraciones de clase media. Este cambio se reflejó en la cultura popular, como en series de televisión y publicidad, y fue un periodo marcado por la privatización y la ilusión de libertad económica. El sociólogo Hans Laguna señala que el PP convenció a muchos de que eran clase media, no trabajadora. Magis Iglesias añade que Aznar cambió el enfoque del centro hacia la economía. Sin embargo, esta liberalización trajo consigo la pérdida de control sobre la soberanía económica, mientras el país se sentía en auge.
* Resumen supervisado por periodistas.
Igual que España se había acostado dictadura y se levantó democracia. Hubo otro tiempo en que se fue a la cama como clase obrera y se despertó clase media. Como todo proceso histórico, no ocurrió en unas horas, pero sí coincidió sobre todo con la llegada al poder del gobierno de José María Aznar.
Una magia política que tuvo su reflejo en series de televisión, en la publicidad o incluso en las cintas privadas de VHS de la época. 30 años después de que el Partido Popular tocara escalinata de la Moncloa, hemos encontrado vídeos de familias que todavía aparcaban sus coches en la arena de la playa, pero que a la vez empezaban a salir de vacaciones al extranjero. Recuerden, era la época en la que toda España soñaba con viajar al Caribe como un tal Curro.

Ese mismo año, 1996, Aznar gana las elecciones prometiendo otro viaje, al centro concretamente, después de haber trasladado un mensaje aparentemente sin mucha enjundia, pero con una idea necesaria para ofrecer un futuro a una clase obrera necesitada de aspiraciones: "Nos dirigimos a las capas medias españolas, aquellas a las que yo pertenezco. ¿Y eso qué es? Pues os lo diré: sois vosotros", explicaba en un mitin de la época el todavía candidato.
"Con Aznar vemos una operación ideológica muy típica de la derecha, y es la de convencernos que no son derecha, que son centro, y de que no somos clase trabajadora, sino que somos clase media", expone el sociólogo Hans Laguna.
En ese viaje de deseo español nos colaron, por ejemplo, el pádel. Un juego que el presidente fomentó con calcetines altos y polo, adornados con la banderita de España. De hecho, el PP llegó a vender por 21.000 pelas de entonces palas de ese deporte de raqueta (un 10% del salario medio de 1996) que ha acabado siendo el protagonista del tiempo de ocio en el extrarradio de muchas ciudades patrias.

Un ejemplo más de cómo nuestro presente se parece más bien poco al que tenía España cuando llega Aznar al poder. De hecho, a mediados de los 90 se estrenaban series como 'Quién da la vez' o 'Este es mi barrio' que reflejaban un país deprimido con protagonistas que luchaban por salir adelante. Y precisamente con su necesidad aspiracional fue con la que el PP conectó.
"Aznar consigue que el centro deje de pensar en clave socialista y empiece a pensar más en riqueza, economía. Que le empiece a dar una oportunidad a la derecha", argumenta Magis Iglesias, periodista que en aquella época seguía al Partido Popular.
Por el camino, se deslizaba una forma muy concreta de ser de centro. Una especie de sentido común acompañado de privatizaciones que se vendían con mucha "libertad". En mítines de Aznar sí, pero también en la publicidad más pegadiza. Porque, coincidiendo con la venta de Telefónica, una compañía de móviles nos vendía que "por fin" podíamos ser más "libres" al ritmo de Nino Bravo.
"Libre, como el sol cuando amanece. Yo soy libre como el mar. Libre, como el ave que escapó de su prisión y puede, al fin, volar. Libre, como el viento que recoge", entonaba entonces el cantante de Cuenca. Aquel ritmo, con una versión más movidita, lo petaba en las discotecas y en nuestro cerebro.
El entonces secretario general de Comisiones Obreras, Antonio Gutiérrez, interpreta aquel jugueteo con la palabra como "la desnaturalización de la libertad en un país como el nuestro, donde tanto había sido anhelada y por lo que tanto se había luchado, es también otro de los deberes que arrojarle a la derecha española"
Porque a partir de entonces empezamos a poder elegir otras empresas de telefonía, sí. Y se disparó la internacionalización de grandes entidades españolas, sí. Pero perdimos la oportunidad de controlar una soberanía económica que ahora estamos intentando rescatar. Con una industria en huida que tenía la globalización como único horizonte. Aunque eso entonces, no importaba mucho. España iba bien. Y casi todos, nos sentíamos clase media.
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