Vuelve al Price

Miguel Ríos, sobre lo que sentía cuando abría aquella "grieta en la grisura del franquismo" sobre los escenarios: "Me daba pavor y morbo"

El cantante recuerda en Salvados sus primeros conciertos en el Circo Price, cuando el rock and roll irrumpía como una ventana de modernidad en una España sometida a la dictadura franquista.

Miguel Ríos, sobre lo que sentía cuando abría aquella "grieta en la grisura del franquismo" sobre los escenarios: "Me daba pavor y morbo"

Miguel Ríos regresa al Circo Price de Madrid, el escenario en el que comenzó a forjar su leyenda hace más de seis décadas. Lo hace acompañado de Gonzo en Salvados, en una de las paradas más emotivas de su gira de despedida, para recordar aquellos primeros años en los que cantar rock and roll era mucho más que subirse a un escenario.

"Volver al lugar del crimen", resume el artista cuando el periodista le pregunta qué significa actuar de nuevo en el Price. La emoción tiene una explicación: allí conserva los recuerdos de sus comienzos, cuando el recinto todavía era una pista y los músicos entraban a ensayar entre el olor del desinfectante y los restos de un pasado circense.

Pero aquellos conciertos también representaban algo más importante. Ríos recuerda "la oportunidad" que tuvieron los artistas reivindicativos de la época de "abrir una grieta en la grisura del franquismo". En una España en la que la modernidad encontraba enormes dificultades para abrirse paso, el rock se convirtió en una experiencia compartida por una generación que buscaba nuevas formas de expresión y libertad.

Gonzo quiere saber qué sentía el músico cuando se enfrentaba a aquel público. La respuesta conserva la mezcla de vértigo y fascinación de quien estaba empezando a descubrir su lugar en el mundo. "Me daba pavor y, al mismo tiempo, un morbo acojonante, tío", confiesa. Salir a tocar ante 2.000 personas era, para él, toda una aventura.

El cantante describe aquella comunidad como una especie de "secta" en la que, de pronto, se encontraba incluido. No era una experiencia de la que quisiera escapar: "Esa era mi meta". La música le había permitido descubrir que podía ser alguien a través de su voz. "Me di cuenta que, de pronto, yo era alguien porque cantaba", recuerda.

Su llegada a Madrid, sin embargo, no estuvo exenta de dificultades. Cuando acudió a la compañía discográfica para intentar abrirse camino, recibió una sentencia que parecía condenar sus aspiraciones: "El rock ha muerto". Ríos no daba crédito. "Don Ricardo, pero ¿cómo va a haber muerto si yo no he empezado todavía?", respondió.

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