Vuelve a Granada
"Mi madre me educó para ser un buen machista": Miguel Ríos recuerda a su familia en la Granada del franquismo
El músico repasa su infancia en una familia obrera de Granada, la muerte temprana de su padre y la educación franquista que reservaba a sus hermanas las tareas domésticas y el matrimonio.

Miguel Ríos no idealiza la educación que recibió en la Granada de su infancia. En su conversación con Gonzo en Salvados, el músico recuerda una sociedad en la que los hombres y las mujeres tenían asignados papeles muy distintos, una desigualdad que también se reproducía dentro de su propia casa.
"Mi madre me educó para ser un buen machista", admite sin rodeos. La frase resume una contradicción que ha ido comprendiendo con los años: su madre, Antonia, fue una mujer a la que admiraba por su generosidad y fortaleza, pero también reprodujo los esquemas tradicionales de una época en la que las tareas domésticas correspondían a las mujeres.
El cantante explica que sus cinco hermanas no estudiaron. "Es que estudiar no era para mujeres", recuerda. "Eso era una cuestión atávica de que la mujer tenía que hacerse el ajuar para casarse con un buen hombre y criar hijos", resume.
La diferencia entre la educación que recibían ellas y la que recibían los chicos se hacía visible en los gestos más cotidianos. Miguel recuerda en un concierto en el Price y ante su público que ni él ni su hermano podían levantarse a llevar los platos a la cocina porque su madre consideraba que aquello no era cosa de hombres. "Que tenían que hacerlo las mujeres", explica.
Con el tiempo, el músico empezó a percibir la injusticia que encerraba aquella distribución de papeles. Su llegada a Madrid y el contacto con una sociedad más abierta le permitieron observar desde otra perspectiva la vida de sus hermanas. Cuando regresaba a Granada, intentaba trasladarles lo que iba aprendiendo, aunque sus consejos no siempre eran bien recibidos.
Sus familiares le reprochaban que se comportara como un "modernillo" después de conocer otras formas de vida en la capital.
El artista reconoce que desprenderse de esa herencia cultural no es automático. "Siempre quedan pequeños restos de esta nefasta educación", reflexiona. Por eso, en su concierto, propone una suerte de ritual de Alcohólicos Anónimos para reconocer los comportamientos machistas que todavía persisten: "Soy Miguel Ríos, soy machista, pero lucho contra esta lacra".
El recuerdo de su familia también está marcado por la figura de su padre, un hombre que trabajaba en un aserradero y murió de un infarto cuando Miguel tenía 15 años. El músico lo recuerda como alguien ya mayor, con dificultades para respirar, agotado por el esfuerzo de sacar adelante una familia numerosa. En casa, explica, nunca mantuvieron conversaciones trascendentales sobre la vida.
Ríos tuvo que empezar a trabajar con apenas 14 años y no pudo continuar sus estudios. Su formación posterior, asegura, se construyó leyendo y aprendiendo por su cuenta. "Todo lo que soy me lo he ganado leyendo y construyéndome como persona", afirma, al recordar una infancia condicionada por las dificultades económicas y las limitaciones educativas de la época.