Salvados: el encuentro
El exetarra Latasa reconoce que fue una "liberación" para él su detención: "Ahora me daréis de hostias y luego descansaré en la cárcel"
"Yo he estado machacado de la cabeza muchísimo tiempo. Si podía, me iba al Pirineo a andar", afirma el exmiembro de ETA en esta entrevista previa a encontrarse con una de sus víctimas, Fernando Garrido. Latasa mató a su padre, su madre y su hermano en un atentado en 1986.

Josemi Latasa recuerda en Salvados el momento en el que fue detenido, casi dos años después del atentado contra la familia Garrido. Ocurrió en Donosti, en julio de 1988, y lejos de vivirlo únicamente como el final de su huida, asegura que sintió una "liberación": "Les dije: 'Bueno, ahora me daréis de hostias cuatro o cinco días, la costumbre, y luego me iré a la cárcel a descansar, porque estoy harto".
Aunque ETA dejó de existir en 2018, hay heridas que siguen abiertas. Es precisamente sobre esas heridas sobre lo que gira 'El encuentro', el capítulo de Salvados que aborda el particular camino hacia el perdón de dos personas cuyas vidas quedaron marcadas por el terrorismo: Fernando Garrido, víctima de ETA, y Josemi Latasa, uno de los integrantes del comando que asesinó a sus padres y a uno de sus hermanos en 1986.
Años después de aquel atentado, Latasa abandonó la organización, criticó sus métodos y pidió perdón a las víctimas. Una carta que escribió a Fernando Garrido terminó abriendo la puerta a un posible encuentro entre ambos. Ahora, los dos han aceptado compartir con el programa de laSexta cómo la violencia terrorista condicionó sus vidas. Salvados, con Gonzo a la cabeza, se ha ofrecido a facilitar ese encuentro.
Latasa explica que llevaba tiempo sometido a una enorme presión. "Yo he estado machacado de la cabeza muchísimo tiempo. Si podía, me iba al Pirineo a andar". Sin embargo, Santi 'Potros', uno de los etarras que lo 'captó', se lo prohibió, pese a que había sido escalador, porque consideraba que era "peligroso".
Tras su detención, Latasa pasó varios años en prisión. En 1991 fue juzgado por el atentado contra la familia Garrido y condenado a 153 años de cárcel. Según relata, en aquel momento era para la organización terrorista"un preso normal y corriente de ETA". Permaneció en aislamiento y llegó a pasar 23 horas al día en su celda.
"Cuando yo verdaderamente empiezo a cambiar es cuando vuelvo a una situación normal. Me llevaron a Castellón y de ahí, a Burgos. Ahí es cuando empiezo a pensar como una persona cabal y normal", cuenta. Ahí fue cuando empezó su verdadero camino hacia el arrepentimiento.