Tensión que nadie quiere

Protestas, balas y decisiones difíciles: por qué atacar a Irán no es tan fácil como Trump dice

Los detalles Obama y Biden nunca atacaron a Irán porque los riesgos eran demasiado altos: el estrecho de Ormuz, la seguridad de soldados y aliados, los conflictos en Siria, Irak, Líbano y Yemen, y la posibilidad de perder control sobre el programa nuclear.

Protestas, balas y decisiones difíciles: por qué atacar a Irán no es tan fácil como Trump dice

Día 17 de protestas en Irán. La tensión en el país no da tregua. Más de 200 ciudades han sido escenario de manifestaciones que incluyen desde niños hasta mujeres con andadores, todos desesperados contra un sistema que no les garantiza ni derechos, ni economía, ni seguridad. Hasta ahora, se contabilizan más de 10.600 detenidos y 600 muertos, aunque todos saben que la cifra real podría ser mucho mayor.

Mientras la población se enfrenta a balas y represión, la comunidad internacional se plantea otra pregunta: ¿por qué Obama y Biden nunca atacaron a Irán, y Trump parece dispuesto a ignorar los riesgos?

Riesgo económico: el estrecho que mueve el mundo

El primer gran riesgo es económico. Irán controla el estrecho de Ormuz, por donde circula buena parte del petróleo y gas de Qatar, Emiratos, Kuwait y Baréin. Si Irán cerrase este paso, los precios subirían en todo el mundo. La inflación se dispararía y podríamos estar ante una crisis global.

Solo para ponerlo en perspectiva: el 75% del petróleo que consume Asia pasa por este estrecho. Un conflicto allí no sería solo un problema regional: nos afectaría a todos.

Riesgo militar: una reacción inevitable

El segundo riesgo es militar. Atacar a Irán no pasaría desapercibido: el país ya ha avisado que respondería. En riesgo están 40.000 soldados estadounidenses desplegados en países cercanos y, por supuesto, Israel, el gran aliado de Estados Unidos.

Además, Irán tiene influencia sobre guerrillas en Siria, Irak, Líbano y Yemen. Un ataque podría desencadenar un conflicto expansivo en toda la región, con guerras que tardarían años en sofocarse. La escalada sería incontrolable.

Riesgo diplomático: el fin de los acuerdos

El tercer gran riesgo es diplomático. Obama y Biden trabajaron incluso en los peores momentos para lograr acuerdos que permitieran vigilar el programa nuclear iraní. Entrar militarmente en el país supondría romper esos tratados. Occidente perdería información clave, y el régimen iraní podría unir a su pueblo contra el enemigo externo, sofocando las protestas internas y reforzando a los líderes que hoy parecen débiles.

Biden y Obama lo tenían claro: los riesgos eran demasiado altos. La economía global, los soldados estadounidenses, Israel, la estabilidad de Oriente Medio y la diplomacia estaban en juego. Trump, en cambio, parece dispuesto a pasar por alto estas advertencias, con consecuencias que podrían ser dramáticas y de largo plazo.

Mientras tanto, en Irán, la población sigue luchando por sus derechos, enfrentando represión y balas, y dejando claro que la estabilidad del país no depende solo de decisiones estratégicas lejanas, sino del día a día de su gente.

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