El poder de la mente

De los ataques de falsa bandera al hackeo de una aplicación de rezo: la guerra psicológica de EEUU, Israel e Irán en Oriente Medio

Los detalles Los países en conflicto están usando algo más que los drones y los misiles para derrotar al adversario. El objetivo, controlar no solo el estado de ánimo de sus tropas sino también el del enemigo.

Donald Trump, a la izquierda; a la derecha, Mojtaba Jamenei
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El 28 de febrero. Día en que comenzaron los bombardeos de Estados Unidos y de Israel sobre Irán. Día en el que dio inicio la guerra en Oriente Medio, con ataques constantes sobre Teherán y con los iraníes lanzando ofensiva tras ofensiva en el resto de países del Golfo. Con el Estrecho de Ormuz señalado como clave. Con, además, otro tipo de guerra que va más allá de los drones, los proyectiles y los misiles.

Con ambos bandos teniendo la llamada guerra psicológica como uno de sus puntos vitales a la hora de dar batalla. Porque todos la utilizan. Porque tratan de desmoralizar o de meter miedo y amedrentar al rival usando lo mental. Usando algo más que las bombas. Usando, por ejemplo, una serie de mensajes con un patrón establecido y repetido que nadie sabe bien lo que significa.

Que tampoco saben bien ni a quién iba dirigido. Solo se sabe que empezó a retransmitirse horas después del ataque de EEUU a Irán. Ahí, por radio, se escucha a un hombre dos veces al día repetir un patrón de números que recuerda a las "estaciones numéricas" de la Guerra Fría. Apuntaban a que quizá Irán lo mandara para alertar a sus células durmientes, pero a los cinco días la bloquearon y cambiaron la frecuenta. Ahora, según exoficiales de inteligencia de EEUU, sería Washington quien estaría enviando mensajes a sus agentes en el país persa.

Pero inquieta. Genera incertidumbre. Da lugar a la desinformación y a las teorías falsas. Es lo que conlleva la guerra psicológica. Es lo que busca incluso Donald Trump anunciando ya la victoria de Estados Unidos en el conflicto. Desmoralizar al adversario. Tratar de controlar ya no solo el estado de ánimo de sus propias tropas sino también el de las rivales.

Son formas de hacer la guerra. Son, por ejemplo, lo que ha hecho Israel infundiendo el terror con una clara amenaza al nuevo ayatolá cuando ni se sabía quién iba a ser. Buscan disuadir al enemigo, proyectar invencibilidad e infundir el terror. Todo, para asustar y para paralizar.

Para buscar algo en lo que la ocultación de información aparece clave. Es algo que obsesiona a Irán. No quieren que nadie vea la envergadura de los ataques que reciben hasta el punto que han prohibido grabar y difundir bombardeos. Porque es algo que preocupa tanto en Oriente Medio que en Dubái se han detenido a 21 personas por grabar y compartir imágenes de misiles cayendo en el emirato.

Se busca desinformar. Se busca ocultar información. Se busca crear confusión incluso con ataques de falsa bandera como lo que ha sucedido en Turquía y en Azerbaiyán. Se acusó a Irán, algo que ellos desmienten. Algo sobre lo que dicen que fue obra de EEUU y de Israel para mostrar al otro como culpable de los ataques y desviar toda responsabilidad.

Y sí, también propaganda. También colando el mensaje que hay que trasladar donde y como se pueda. Israel, mismamente, hackeó una aplicación de rezo de Irán para mandar mensajes afirmando que estaban "liberados": "La venganza ha llegado, ha llegado la ayuda".

Así son las estrategias en la guerra. Así son las armas que tanto Irán como Israel y EEUU están usando y que van más allá de las bombas. Que quieren minar la moral del enemigo en medio de los combates y del fuego de los misiles.

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