Un año después del corte del suministro eléctrico, 4.000 personas, de las cuales 1.800 son niños y niñas, se enfrentan a otro invierno sin luz ni opciones para calentarse en la Cañada Real. Andrea Ropero ha visitado el que es el mayor asentamiento irregular de Europa para comprobar cómo nada ha cambiado.

Lo ha hecho de la mano de Houda Akrikez, de la Plataforma Cívica de Apoyo a la luz en Cañada Real. Explica que "ha habido un esfuerzo vecinal para instalar paneles solares en algunas viviendas, que no dan para mucho, pero sí para poder tener una bombilla". No obstante, siguen sin poder calentarse y sin tener luz corriente, por lo que piden contratos para garantizar el suministro eléctrico y una mesa de seguimiento porque no confían en las administraciones.

De todas con las que se han intentado reunirse, asegura que la única puerta que siempre está abierta es la de la Delegación del Gobierno, que en este punto negocia el realojo de 160 familias, pero insisten en que eso llevará tiempo, por lo que "urge que vuelva la luz" antes de afrontar un nuevo invierno como el del año pasado, con ingresos hospitalarios por hipotermia y síntomas de congelación.

Además, también ha denunciado que el Comisionado del Gobierno de la Comunidad de Madrid para la Cañada Real Galiana "ha dejado totalmente claro que jamás volverá la luz por el cable de la Cañada Real".

Andrea Ropero ha charlado además con Kadhiya Ajahiou, una joven que estudió para entrar a la universidad con abrigos, mantas y velas, entre llantos. Ahora, hace Enfermería para poder "escapar" de la Cañada Real. Esta es la historia de su lucha cada día con las barreras impuestas por venir de dónde viene.