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Alberto Garzón explica los regalos de cortesía que aceptó y rechazó cuando era ministro: "Esos regalos suelen esperar contrapartida"
El economista compara las joyas vinculadas a Zapatero con los regalos protocolarios habituales en la política y asegura que él llegó a rechazar un ordenador por prudencia. Además, advierte de que estos obsequios pueden generar expectativas de contraprestación.

Alberto Garzón ha hablado en Al Rojo Vivo sobre la polémica de las joyas vinculadas a José Luis Rodríguez Zapatero y ha explicado, desde su experiencia como ministro, cuál es la práctica habitual en materia de regalos institucionales.
"El regalo de cortesía típico que entrega el Gobierno de España es un pequeño frasco de aceite. Eso sirve para entender qué significa realmente un gesto protocolario o de cortesía dentro de las relaciones institucionales", ha señalado.
Garzón ha relatado que, durante sus viajes oficiales, los obsequios recibidos eran de carácter simbólico: "Cuando viajas a otro país y te reúnes con sus dirigentes, los regalos suelen ser algo representativo de su cultura. Recuerdo que en Colombia, por ejemplo, me regalaron unas chocolatinas típicas del país".
El exministro también ha revelado que llegó a rechazar regalos por considerarlos inapropiados para un cargo público: "Tuve que rechazar un obsequio de una empresa de telecomunicaciones porque era un ordenador. Cuando existe la más mínima duda sobre si puede sobrepasar la línea de lo aceptable, lo normal es rechazarlo. Esa es la práctica habitual".
Además, ha vinculado este tipo de regalos con la posibilidad de generar expectativas de favor o influencia: "Es cierto que yo dirigía un ministerio con menos capacidad presupuestaria, pero eso refuerza una idea importante: los regalos suelen llevar implícita una expectativa de contraprestación. Son una forma informal de cultivar una relación favorable con alguien que, más adelante, puede tomar decisiones que te afecten".
Por último, Garzón ha recordado que la legislación contempla incluso supuestos en los que no existe una contraprestación explícita: "Aunque no se pueda demostrar que se espera algo a cambio, existe una figura penal como el cohecho impropio, que precisamente castiga la aceptación de determinados regalos por parte de cargos públicos aunque aparentemente no haya una contraprestación directa".