"Trabajar para pagar"
Cuando la vivienda se come el sueldo y no se llega a fin de mes: "Soy una trabajadora pobre"
El contexto Una mujer relata a laSexta que gana 1.080 euros netos que "se van en el piso": "No puedo darme el lujo de ir a tomarme una caña ni de comprar carne ni pescado".

Resumen IA supervisado
La vivienda se ha convertido en un problema crucial para muchos trabajadores en España, quienes destinan gran parte de sus ingresos al alquiler, dificultando cubrir gastos básicos como alimentos y transporte. Expertos recomiendan no gastar más del 30% del salario en vivienda, pero muchos superan esta cifra. Una trabajadora de 51 años explica que su sueldo se destina casi por completo al alquiler, dejando poco margen para otros gastos y sin posibilidad de ahorrar. Alberto Riesco-Sanz, sociólogo, advierte que esta situación refleja una incapacidad de los salarios para garantizar una vida digna, resaltando la necesidad de revisar los estándares salariales.
* Resumen supervisado por periodistas.
La vivienda se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para miles de trabajadores en España. Tener un empleo ya no garantiza poder llegar a fin de mes con tranquilidad: cada vez más personas destinan gran parte de sus ingresos a pagar el alquiler y se ven obligadas a hacer malabares para cubrir los gastos básicos. La compra de alimentos, las facturas o el transporte se convierten en un desafío cuando la nómina apenas alcanza para mantener un techo.
Los expertos recomiendan no destinar más del 30% de los ingresos al pago de la vivienda, aunque en muchos hogares esa proporción se supera ampliamente. "Gano 1.080 euros netos. Fatal, no llego, se me van en el piso", explica una trabajadora de 51 años que lleva en España desde 2005 y trabaja como auxiliar de ayuda a domicilio. Cuando se le pregunta con qué vive una vez pagado el alquiler, su respuesta evidencia hasta qué punto depende de los ingresos de su pareja: "Vivo con 1.342 euros que gana mi pareja para todo el mes".
La situación deja poco margen para afrontar los gastos cotidianos: "Es muy difícil. Es muy difícil. Luz, agua, gas, abono de transportes…", relata. ¿Y ahorrar? La respuesta es contundente: "No… ¿qué dices? ¿Eso existe?". En su caso, el sueldo se destina prácticamente a mantener la vivienda. "Soy una trabajadora pobre. Efectivamente soy una de ellas. Méteme en la lista", añade.
"No puedo comprar ni carne ni pescado"
"El sueldo no llega porque se lo está comiendo la vivienda. Ya ocio no tengo. No puedo darme el lujo de ir a tomarme una caña", lamenta la trabajadora. La situación llega a afectar incluso a la cesta de la compra: "Con mi sueldo, que nos queda, yo no puedo darme el lujo de comprar ni carne ni pescado porque hay meses que no llego y tengo que tirar de la tarjeta. Joder, es que estoy trabajando para pagar".
A la dificultad de llegar a fin de mes se suma el miedo a perder el hogar si las condiciones cambian o ya no puede afrontar el alquiler. "Ese es el miedo más grande que yo tengo. Eso es lo que más miedo me da. Si me pongo a pensar ahora mismo es que me vengo abajo, es que me vengo abajo", reconoce.
El sociólogo laboral de la Universidad Complutense de Madrid y director del Instituto TRANSOC, Alberto Riesco-Sanz, advierte de que esta realidad obliga a mirar más allá de las cifras del empleo. "Cuando hablamos de trabajadores pobres, no estamos hablando de personas que estén excluidas del mercado laboral", explica. Se trata de personas que trabajan, pero cuyos ingresos no les permiten mantener unas condiciones de vida suficientes.
"El mensaje es que a través del trabajo no vas a poder llevar una vida independiente, una vida autónoma", señala Riesco-Sanz, que recuerda que la pobreza y la riqueza son conceptos relativos al contexto social en el que se producen. Esta situación también abre el debate sobre la capacidad de los salarios para garantizar una vida digna: "Los salarios tienen que cubrir esos estándares de vida que entendemos razonables para el tipo de sociedad en la que vivimos", añade el sociólogo.