Delicado estado de salud

Rosario y Pedro, dos historias de desahucio marcadas por la vulnerabilidad: "No tengo ningún sitio donde ir, tengo la calle y nada más"

Los detalles Para ambos, la espera se ha convertido en una carga diaria, con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá ni dónde podrán ir si pierden sus casas.

Rosario y Pedro, dos historias de desahucio marcadas por la vulnerabilidad: "No tengo ningún sitio donde ir, tengo la calle y nada más"
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La lucha por una vivienda digna continúa para personas como Rosario y Pedro, dos personas mayores, con importantes problemas de salud y escasos recursos económicos, que viven con la angustia de poder perder sus casas. Sus historias son distintas, pero comparten una misma incertidumbre: no saber dónde podrán vivir si finalmente se ejecutan sus desahucios.

Rosario cobra una pensión de poco más de 500 euros. Hace años hipotecó su vivienda para poner en marcha un negocio que terminó saliendo mal y que la dejó en una situación económica complicada. "Perdimos todo el dinero y no pudimos hacer frente al pago de la hipoteca", explica. Después de conseguir paralizar un primer desahucio, ahora espera saber cuándo se fijará la próxima fecha. "Está pendiente de que se dicte por parte del tribunal la fecha de lanzamiento, pero puede ser inminente", explica su abogado.

A la incertidumbre económica se suma su delicado estado de salud. Rosario está pendiente de una nueva intervención quirúrgica y no tiene una alternativa habitacional en caso de que tenga que abandonar su casa: "Tengo que pasar por la tercera operación, y probablemente una cuarta. No tengo ningún sitio donde ir... Tengo la calle y nada más". Mientras espera, intenta encontrar una solución junto a su abogado: "Se nos plantean escenarios que no resuelven la situación".

En Benidorm, Pedro vive una situación similar. A sus 95 años, se enfrenta a la posibilidad de perder la vivienda en la que lleva viviendo 24 años: "Tengo la conciencia bien tranquila, ahora, estoy hecho polvo", confiesa. Su desahucio estaba previsto para el pasado lunes, pero ha conseguido que se paralice hasta el próximo 19 de noviembre.

"He podido respirar más porque tengo más tiempo para poder aclarar las cosas. Es que no me dieron tiempo para nada, me dieron 15 días para irme de casa", cuenta. Pese al desgaste, Pedro no está dispuesto a rendirse. Tiene claro que, si finalmente lo expulsan de su vivienda, seguirá luchando. "¿Si me echan ya se acabó? No. Empieza, no se va a acabar, va a empezar", asegura. A sus 95 años, solo pide una cosa: "Yo el deseo que pido es recuperar mi casa".

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