"Un acto altruista"

"La muerte tiene dos vidas. No es una pérdida, sino el comienzo de algo": así es el trabajo de Cristina en un centro de donación de cuerpos

Los detalles Cristina explica que su trabajo "es cumplir la voluntad de una persona, hacer que su proceso sea digno y mantener su anonimato": "La muerte que veo aquí tiene una finalidad muy valiosa".

"La muerte tiene dos vidas. No es una pérdida, sino el comienzo de algo": así es el trabajo de Cristina en un centro de donación de cuerpos
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Cristina lleva diez años trabajando como técnico de Anatomía en el Centro de Donación de Cuerpos. Su día a día transcurre entre cuerpos que han sido donados de forma altruista para contribuir a la formación de futuros profesionales sanitarios y al avance de la ciencia. Un trabajo que, reconoce, ha cambiado su propia manera de entender la muerte.

"Mi trabajo es cumplir la voluntad de una persona, hacer que su proceso sea digno y mantener su anonimato", explica Cristina. "Al final, somos el medio a través del cual hacen cumplir la voluntad". Por eso, asegura, quienes trabajan allí tienen una responsabilidad que va mucho más allá de la parte técnica: "No podemos ser nada más que dulces y cariñosos".

Para Cristina, la muerte en este centro adquiere un significado diferente. "La muerte que veo aquí tiene una finalidad muy valiosa. No es la pérdida de alguien, es el comienzo de algo", sostiene.

El proceso

Los cuerpos llegan al centro a través de una empresa funeraria y son depositados en la llamada sala de inyección. Allí comienza un proceso perfectamente controlado. "Lo primero que hacemos es una prueba de serología. Lo higienizamos y rasuramos", cuenta Cristina. Desde el primer momento, cada donante queda identificado mediante un sistema de registro que permite conocer en todo momento dónde se encuentra cada parte de su cuerpo.

"Cuando registramos la entrada de un donante, lo que hacemos es anotarlo en la pizarra. Eso nos permite tener identificado al donante y saber dónde está cada parte de ese donante durante todo el proceso. Eso es la trazabilidad", explica. La conservación depende de las características del cuerpo y del uso que vaya a tener. Puede realizarse mediante embalsamamiento o congelación. En el caso de los cuerpos embalsamados, permanecen almacenados durante meses antes de ser utilizados.

Cuentan con arcones destinados a conservar regiones anatómicas concretas. La razón es aprovechar al máximo cada donación: "Aquí conservamos las regiones anatómicas, si se necesita solo una parte de un cuerpo. No sacamos todo el cuerpo porque eso supone que el resto que no se utiliza no serviría para nada", explica Cristina. "Nuestro principio es el máximo aprovechamiento de un acto altruista", añade. En estos arcones se almacenan también los cuerpos que van a utilizarse como material fresco, conservados a -21 grados.

Trabajar diariamente con la muerte ha cambiado la perspectiva de Cristina sobre ella: "La muerte tiene dos vidas y empieza un proceso con la persona que ha donado su cuerpo. Es el inicio de algo", afirma. Una visión que también le ha hecho reflexionar sobre el desconocimiento que existe en la sociedad acerca de la importancia de la donación de cuerpos.

"Yo creo que no somos conscientes. Yo no lo era cuando empecé a trabajar aquí", reconoce. Porque, para Cristina, lo que ocurre en el centro es solo el principio de una cadena que termina mucho más lejos de sus instalaciones: "Esto no acaba aquí, esto acaba en un quirófano, acaba en una consulta de un fisio que te está manipulando y acaba en la puesta en práctica de todo eso".

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