Lo peor de lo mejor

Lo feo también es arte: el museo que recoge los regalos más extraños y absurdos

Los detalles Hilos dentales con sabor a bacon, maceteros imposibles y figuras de loros forman parte de la colección de Toronto, un espacio donde los peores regalos de todos los tiempos se exhiben con humor y creatividad.

Lo feo también es arte: el museo que recoge los regalos más extraños y absurdos

Ilusión, nervios y ese segundo exacto en el que abrimos un paquete y pensamos: sonríe, sonríe fuerte. Porque, seamos sinceros, los Reyes no siempre aciertan. A veces se equivocan con la talla, otras repiten regalo y, en ocasiones, simplemente se pasan de originales.

Tan originales que muchos no saben qué hacer con lo que han recibido. Para ellos —y para todos los que guardan un regalo feo en un cajón— existe ya una solución: un museo dedicado exclusivamente a los regalos más horribles del mundo. Está en Toronto y expone objetos que, según sus dueños, nunca debieron ser envueltos.

Allí se exhiben piezas tan difíciles de explicar como un hilo dental con sabor a bacon. Regalos que dejan huella. De hecho, una mujer recuerda que a su madre una vez le regalaron una bolsa de canicas y admite que "creo que ha desaparecido, no estoy muy segura". Desaparecido en combate, como tantos otros.

Otra persona lo tiene claro: ese tipo de regalos irían directamente al museo de Toronto. Porque si algo no falta en esta colección es creatividad. Y arte, también. De hecho, muchos regalos ya llegan con nombre de obra incluido.

Hay quien recibió una figura de unos loros y asegura que no se complicaría: la llamaría 'Los Loritos'. Otro recuerda un macetero muy raro, con un tronco horrible, al que pondría por título 'El Árbol Caído'. Arte contemporáneo. Muy contemporáneo.

También hay espacio para el expresionismo: unos calcetines de colorines sin sentido que su dueño bautizaría como 'Andar en colores'. O para el costumbrismo más duro: un juego de tazas horrible de abuela, al que directamente llamó 'Las tazas de la abuela'… antes de regalarlo en otro amigo invisible.

El regalo que solo cambia de dueño

Cuando el desastre llega, la gestión suele ser sencilla: si hay ticket regalo, se cambia; si no, se vuelve a regalar. Aunque no todo el mundo reconoce su decepción. "La gente dice 'me gusta, me gusta'… y luego no les gusta", admite una de las personas consultadas. Otros no pueden disimularlo: "A mí se me nota en la cara cuando no me gusta".

Y luego están los regalos que no se salvan ni con marco dorado. Como una crema de David Bustamante con un perfume usado, que su destinataria confiesa que acabó tirando. Era, dice, demasiado feo incluso para llevarlo al museo.

Así que si este año el regalo no le convence, no lo tire todavía. Guárdelo. Porque visto lo visto, aquí podríamos abrir perfectamente nuestro propio museo de regalos feos.

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