Cuando llueve en abundancia, el agua busca siempre su camino: el cauce natural que ha seguido desde hace siglos.

Ahora, ese itinerario aparece invadido por casas, urbanizaciones y hasta pueblos enteros. Sucede entonces lo inevitable: el agua arrasa con aquello que encuentra a su paso.

"El problema es que en España tenemos una legislación que nos obliga a incorporar cartografías de riesgo en los procesos urbanísticos solo desde 2008 y, por tanto, tenemos mucho construido en zonas indebidas desde la segunda mitad del siglo XX", explica Jorge Olcina, geógrafo y director de Climatología de la Universidad de Alicante.

Esos mapas indican que en España hay más de 19.000 kilómetros de zonas inundables, principalmente localizadas en las cuencas de los ríos Guadalquivir, Júcar y Segura.

Un espacio donde viven 2.700.000 personas. Muchas de esas construcciones, advierten los expertos, deberían ser eliminadas.

"El mecanismo para eliminar construcciones es expropiando, esto es costoso, lento, pero está claro que es necesario", indica Manuel Regueiro, presidente del Colegio Oficial de Geólogos.

Una solución menos traumática sería la canalización de las ramblas. También en ese caso es necesario invertir en infraestructuras, pero algo habrá que hacer ya.

"Todos los modelos climáticos nos están señalando que en nuestras latitudes mediterráneas los fenómenos extremos se van a producir de forma más frecuente en las próximas décadas", añade Olcina.

En los próximos meses, el Ministerio para la Transición Ecológica espera completar la cartografía de zonas inundables de toda España.

"Si se hicieran estos mapas, lo más probable es que se superaran los cinco millones de personas en zonas de riesgo, más del 10% de la población", apunta Regueiro.

Rescates, inundaciones, destrozos millonarios y vidas humanas rotas. Todo eso provocan cada año las DANAS porque para el agua somos un obstáculo demasiado débil.