DESAHUCIO EJECUTADO
Crónica del desahucio de Maricarmen: un piso con renta antigua, leyes franquistas y muchos recovecos legales
Los detalles Maricarmen tenía 17 años cuando entró en la casa de la que hoy ha tenido que salir. Han pasado casi siete décadas, cuatro intentos de desahucio y varios propietarios. Esta es la cronología de cómo perdió el lugar que creía que sería su último hogar.

Resumen IA supervisado
Maricarmen, tras vivir en su hogar desde los 17 años, ha tenido que abandonar la casa que consideraba su refugio final. Su historia se remonta a 1956, cuando su padre firmó un contrato de alquiler de renta antigua. Tras la muerte de sus padres, Maricarmen continuó en la vivienda hasta que la ley limitó la subrogación del alquiler. En 2018, Renta Corporación compró el edificio, exigiendo un precio inalcanzable para ella. En 2020, con la venta a Urbagestión, el alquiler se triplicó. A pesar de su discapacidad del 50 %, no cumplía con el 65 % requerido para conservar el contrato. Finalmente, el Tribunal Supremo falló a favor de los propietarios, obligándola a dejar su hogar tras cuatro intentos de desahucio.
* Resumen supervisado por periodistas.
Maricarmen se iba a morir en casa. O eso pensaba. "Lo lógico es que aquí termine mis días", repetía. Tenía 17 años cuando entró por primera vez en aquella vivienda. Hoy, después de cuatro intentos de desahucio, ha tenido que salir por la puerta con una certeza que nunca imaginó: aquella casa ya no es suya.
La historia empezó mucho antes. En 1956, su padre firmó un contrato de alquiler de renta antigua. Su madre ni siquiera aparecía en él. Entonces, explica el abogado Javier Rubio, de CAES Abogados, las mujeres no tenían los mismos derechos para figurar en este tipo de contratos.
Cuando murió su padre, la madre de Maricarmen se subrogó en el alquiler. Vivió allí hasta su muerte, en 2005. Después llegó el turno de su hija.
Pero la ley tenía un límite. "Al fallecer el padre, se subrogó su madre, que falleció en el año 2005. A partir de ahí, ella ya no podía seguir subrogándose por más de dos años, porque se la consideraba segunda subrogación", explica Rubio.
Durante años, nada cambió. Los propietarios se sucedieron y Maricarmen siguió viviendo en la casa. Hasta que en 2018 el edificio fue comprado por Renta Corporación.
Entonces llegó una oferta que para ella era imposible: más de 200.000 euros para quedarse con la vivienda.
"Sabían desde un principio que yo esas cantidades no las podía pagar", cuenta Maricarmen.
En 2020, el edificio volvió a cambiar de manos. Lo adquirió Urbagestión y, con el nuevo propietario, llegó otra subida: el alquiler se triplicó.
Maricarmen tampoco pudo agarrarse a su discapacidad para evitar la pérdida de la vivienda. Tiene reconocida una discapacidad del 50 %, pero la legislación establece, en determinados supuestos, un umbral superior.
"La excepción que se necesita para que tenga carácter vitalicio, teniendo en cuenta que es hija y no es cónyuge, es una discapacidad superior al 65 %. En este caso no se cumple porque tiene únicamente el 50 %", explica Azucena Martín, de Asoban Asociados.
El conflicto acabó en los tribunales. También llegó al Tribunal Supremo, que terminó dando la razón a la propiedad.
El desenlace, sin embargo, no sería necesariamente el mismo en todos los países europeos. El experto inmobiliario Leandro Escobar señala que en Alemania y Francia existen mecanismos que permiten, en determinadas circunstancias, que los descendientes que convivían con el inquilino puedan continuar en el contrato.
Han sido cuatro intentos de desahucio.
Y hoy, después de toda una vida entre esas paredes, Maricarmen ha tenido que irse de la casa que pensaba que sería su último hogar.
*Añade laSexta como tu medio de referencia en Google y no te pierdas toda la actualidad y el mejor contenido