"Es para morirme"
Casilda tendrá que dejar su piso de Burgos después de 70 años: "Quiero estar aquí hasta el último día de mi vida"
Los detalles Esta mujer de 82 años y otros 102 vecinos del barrio de Las Calzadas se enfrentan a la misma incertidumbre después de que una gestora adquiriera sus viviendas y comunicara su intención de no renovar los contratos de alquiler que se heredadon tras la adquisición del edificio.

Resumen IA supervisado
Casilda, de 82 años, teme ser desalojada de su hogar en Burgos, donde ha vivido 70 años. Ha perdido peso y sufre insomnio por la incertidumbre de quedarse sin casa. Su caso no es aislado; 102 vecinos enfrentan la misma situación tras la compra de sus viviendas por una gestora que no renovará sus contratos de alquiler. Las viviendas, construidas en 1954 como protegidas, han pasado a ser un negocio inmobiliario. Los residentes, en su mayoría mayores, denuncian haber asumido gastos y mejoras en condiciones precarias. La situación ha generado angustia, agravada al ver sus pisos ya en el mercado.
* Resumen supervisado por periodistas.
"Yo quiero estar en mi casa hasta el último día de mi vida". Casilda, de 82 años, que lleva siete décadas viviendo en la misma casa de Las Calzadas, en Burgos, tendrá que abandonar su hogar el próximo día 22. La anciana heredó su contrato de renta antigua en 2016, después de la muerte de sus padres y después de que una gestora adquiriera el edificio. Los que heredaron el contraton previo a la compra se quedarán, pero esta mujer y otros 102 vecinos tendrán que marcharse.
Lo que está por venir no deja vivir a la mujer, que ya ha perdido seis kilos, no puede dormir por las noches y vive aterrorizada ante la posibilidad de quedarse sin un hogar. "Llevo en esta casa 70 años. Y ahora de pronto me mandan a la calle… es para morirme", confiesa Casilda, que no tiene hijos y ve cómo la amenaza de desahucio pone en peligro el lugar en el que ha transcurrido prácticamente toda su vida.
Como ella, decenas de vecinos viven con el miedo a tener que marcharse de las casas en las que han construido sus vidas. Se trata de viviendas protegidas construidas en 1954 que, según denuncian los afectados, han pasado de ser sociales a convertirse en un negocio inmobiliario. Es más, hace una década se ofreció a los que aún no habían heredado el contrato de alquiler que compraran los pisos por 90.000 euros. Los que no quisieron ahora denuncian que se les ha pedido un precio desproporcionado.
La preocupación se extiende por todo el barrio. La empresa informó en mayo de que terminaba el contrato de arrendamiento y ellos tienen que devolver las viviendas las mismas condiciones en las que las recibieron". "Es voluntad de nuestra parte no prorrogar el contrato de arrendamiento. Una vez llegada la fecha de finalización del contrato, proceda a desocupar el inmueble, entregándolo en las mismas condiciones que lo recibió y hacer entrega de las llaves al arrendador", recoge el escrito enviado a los vecinos.
Una comunicación que ha desatado la angustia entre unos residentes que, en muchos casos, son personas mayores y no cuentan con una alternativa habitacional. Los afectados denuncian que han tenido que asumir durante décadas gastos y mejoras cuando los pisos estaban en condiciones muy precarias: "Unas casas del 54 que tenían una cocina económica, de carbón, sin calefacción". También confiesan que tuvieron que hacerse cargo del gasto para tener el gas, ya que la propiedad se desentendió.
Pancho también lleva viviendo siete décadas en el mismo edificio y tendrá que dejar su piso. "Este es el portal en el que he vivido los últimos 70 años. Ahora resulta que de la noche a la mañana dicen que nos tenemos que marchar", lamenta.
"Nuestros pisos ya están en internet"
La gestora, además, no ha perdido el tiempo y los pisos de estos vecinos ya se anuncian en internet. "Todos nuestros pisos ya están en internet", denuncia Marga Lechosa, otra de las residentes y plantea la pregunta que se hacen muchos de los afectados: "¿Por qué tenemos que marchar para especular con nuestros pisos y ganar dinero?".
Por su parte, Casilda reconoce la importancia de la lucha iniciada por Maricarmen, que también se enfrentó a un desahucio y puso en marcha una reivindicación para denunciar la situación de las personas que pierden sus hogares. "Esa mujer es la que nos ha salvado un poco de que el mundo se entere de lo que está pasando. De los desahucios", afirma.