"Fueguitos y caritas", como dice Lucía (nombre ficticio), en referencia a los emoticonos, es lo que le envía un hombre de su mismo pueblo a través de la red social Instagram. Ella con 16 años, asegura que no ha hablado con ese chico (adulto) en la vida, que ni siquiera le sigue en la red, y que cuando se ha cruzado con él ha sentido "un poco" de vergüenza.

Eso a ella. Una de sus amigas directamente recibió una foto de los genitales de un desconocido. Así le pasó a Nuria, (a la que también ocultamos su nombre real): "Ni estaba hablando con él ni nada, pero es de esta gente enferma que está en Instagram, y me mandó una foto de sus partes". Su reacción inmediata fue bloquear a este usuario que ni tenía entre sus contactos: "Lo primero que hice fue bloquear la cuenta y ya no contesté".

Las barreras de privacidad de las redes sociales son más bien difusas y cualquier desconocido puede abrir una conversación con una chica aunque no ella no le tenga entre sus contactos. De esta forma, tanto las redes como las app de mensajería están facilitando escenarios extremos de la sociedad machista. Hablamos del acoso sexual y los apellidos que han surgido en el universo de internet, como el 'sexting' o el 'grooming'.

Para ellas, en muchos casos estas situaciones no tienen mayor importancia, aunque saben que no está bien: no responden, o directamente bloquean al usuario. No tienen miedo porque todo se queda en la esfera digital y más cuando creen que el acosador no busca localizarlas. Pero al final, se viven acostumbradas a un bombardeo de mensajes que parecían haber desaparecido. Los piropos inesperados en mitad de la calle o aquellos exhibicionistas que abrían su gabardina y se mostraban al desnudo ante mujeres no ha desaparecido: tan solo se ha trasladado a las redes.

Y todo esto importa porque casi todos los jóvenes las usan. Por este orden, YouTube (88%), Tik Tok (86%) e Instagram (83%) son las redes sociales más utilizadas por las chicas de entre 11 y 18 años, según un estudio reciente de UNICEF España. También las usan para comunicarse: el 62% usa Instagram para hablar con otras personas, solo superada por la hegemónica WhatsApp, utilizada por el 96%.

El mismo estudio concluyó que, aunque el sexting (intercambio de contenido erótico o sexual) es practicado por ambos géneros, las chicas sufren más presiones al respecto. El 13% de las chicas aseguró haberse sentido presionada o chantajeada para que le enviasen fotos o videos eróticas, frente al 7% de los chicos.

Hay más estudios que refuerzan que el acoso recae más sobre las chicas. El Barómetro de Género 2021, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, dice que el 21% de las chicas de entre 15 y 19 años siente que sufre o ha sufrido ciberacoso, frente al 15% de los chicos, como refleja el siguiente gráfico.

Las diferencias entre chicas y chicos son más amplias en el siguiente tramo de edad, pero ello puede no tener tanto que ver con un acoso mayor, sino con una mayor conciencia de sufrirlo.

Un peligro no consciente

El mayor peligro del ciberacoso y de la violencia de género en el mundo digital está en que las adolescentes no se dan cuenta de que lo están sufriendo, apunta Diana Díaz, psicóloga de Fundación ANAR. Según explica esta psicóloga, la percepción de riesgo es más baja en lo tecnológico: "La adolescente en general no lo siente hasta que la violencia se agrava mucho y no sienten que deba protegerse".

Un informe de la Fundación Anar, organización sin ánimo de lucro que ayuda a niños y adolescentes en riesgo, asegura que en el 67% de los casos de violencia de género atendidos está implicada la tecnología. Para Díaz, en el escenario digital las adolescentes "normalizan y toleran el control, los insultos y descalificaciones" más que en la vida normal.

La percepción de riesgo es más baja en lo tecnológico

Diana Díaz, psicóloga

Las adolescentes, explica Diaz, "han avanzado muchísimo en el mercado laboral, en el afuera", pero matiza: "Sin embargo, a nivel emocional todavía se manejan muchos esquemas de dominio y sumisión", resultado de lo que viven en sus casas.

Encontrar la normalización del acoso en internet es tan sencillo como preguntar en un grupo de adolescentes. Al igual que contaban Nuria y Lucía, en su grupo de amigas todas en algún momento se han encontrado con situaciones así: han recibido fotos de contenido sexual o respuestas a publicaciones de parte de conocidos o desconocidos que pueden llegar a ser bastante mayores que ellas. Y siempre sin buscarlo, ni pedirlo, aseguran. Todas.

"Nosotras lo vemos como normal porque pasa habitualmente que te estén diciendo cosas, sean chicos mayores o de tu edad", explica Lucía. "Ya lo de las fotos lo ves más raro, de decir, a esta persona se le va la cabeza. Pero tampoco lo ves como para denunciar", apunta.

El asunto deja de ser banal cuando se trata de conocidos. Es lo que le pasó a otra amiga de Nuria cuando el hombre que la contrató el verano pasado para buzonear siguió escribiéndola, esta vez con otras intenciones. El hombre, de unos treinta y tantos años según Laura (16 años), la contactó para hacer de modelo de vestidos de boda y ahí ya rechazó el trabajo: "Estuvo un tiempo sin hablarme, pero luego me escribió para preguntarme cómo estaba y que si le podía dar mi Instagram".

Ahí saltaron sus alarmas y enseguida se lo contó a sus padres: "Me dijeron que le preguntara si era por algo de trabajo o no. Y me dijo que no, que era para él. Y no le contesté. Después me volvió a hablar con otro número y me preguntó que cómo estaba, que hacía mucho que no sabía de mí. Y le bloqueé. Y ya no me ha vuelto a escribir".

Esta situación es un 'grooming' (acoso sexual online por parte de adultos) de manual: el acosador intenta ganarse la confianza de la menor para luego involucrarle en una actividad sexual. En el caso de Laura, afortunadamente, no pasó del WhatsApp. Las circunstancias de su entorno y su propia actitud crítica facilitaron frenar una situación delictiva y de, muy probablemente, consecuencias negativas para ella. Pero esto nos hace pensar cuántas, en situaciones más vulnerables, no caerán al no tener la información suficiente o el apoyo familiar para detectar el acoso.

Le dije que no estaba interesada en él y aun así me mandó una foto suya sin camiseta

Leyre, 16 años

Salimos de ese grupo, preguntamos a otra chica de la misma edad, en otro municipio y nos encontramos con el mismo esquema. Leyre, 16 años: "Un chico que iba a mi instituto, consiguió mi Instagram y desde esta red social me escribió, le dije que no estaba interesada en él y aun así me mandó una foto suya sin camiseta y me empezó a mandar un montón de mensajes seguidos. Como vio que dejé de contestarle empezó a llamarme desde la app hasta que le bloqueé".

Admite también que es frecuente que las chicas vivan escenas así, y lo expresa con cabreo: "Me parecen situaciones machistas, ya que se dan porque muchas veces los chicos nos ven como objetos, que tienen el derecho de poder hablarnos, y mandarnos las cosas que les apetezcan aunque eso dañe nuestra integridad".

Y así podríamos seguir, una tras otra.

¿Cómo evitarlo? Díaz apunta varias claves: por un lado, seguir haciendo campañas de información, precisamente a través de internet y las redes sociales: "Las tecnologías por sí mismas pueden tener un poder positivo, nuestra línea de ayuda es pura tecnología", apunta la psicóloga de Fundación Anar.

Pero el papel de la familia en la prevención es crucial, por eso sugiere que estén muy pendientes y ayuden a sus hijas a tener pensamiento crítico. Y que también negocien unas normas y límites: "Saber que das un dispositivo con una responsabilidad darle las claves para que sepa protegerse", concluye.