En la primavera de 1962, el director de cine Frédéric Rossif (Montenegro, 1922) llegó a España con la intención de realizar un documental que mostrase al mundo entero las bondades del franquismo. Eso fue, al menos, lo que hizo creer al régimen, porque su verdadera intención era otra, como expuso un año después: destapar el rastro de ruinas y miserias que había dejado la Guerra Civil. 'Morir en Madrid' propinó un duro golpe a Franco y los suyos, y no sólo por la sincera atrocidad que revelaban unas imágenes jamás vistas hasta la fecha; también, porque lo había hecho poniendo completamente en ridículo a la dictadura.

El documental que desenmascaró al régimen, y que este 18 de abril cumple 57 años desde su estreno, no pudimos verlo en España hasta 15 años después, en 1978, libre de censura. Para entonces, Rossif había adquirido notoria fama por su icónica obra (ganador de un BAFTA en el 68 y nominado a un Oscar en el 66), y ésta, además de convertirse en una pieza histórica imprescindible, se alzaba ya como símbolo de la resistencia antifranquista.

La trampa, el gran engaño que preparó para poner de manifiesto las vergüenzas del franquismo, se la contó Rossif con todo lujo de detalles al historiador de cine Antonio García-Rayo. Días antes de que el largometraje viera la luz en nuestro país, tuvo la oportunidad de entrevistar al cineasta y a la productora con la que llevó a cabo esta peculiar hazaña, Nicole Stéphane. Ambos le ofrecieron una narración completa que, junto a su investigación, completaron la trama de un plan 'maestro' tan temerario como incierto.

Rossif y Stéphane, objetivo: engañar al régimen

Es 1961. Frédéric Rossif se reúne con Nicole Stéphane para comentarle una idea a la que –dice– lleva años dándole vueltas. Quiere tratar con ella la posibilidad de realizar un documental que retrate al movimiento franquista, aquel que no ha dudado en llevarse por delante las vidas de los enemigos y desafectos del régimen con incontables asesinatos y prisioneros, que se ha esforzado por saquear al país hasta el último céntimo y que se ha servido de la política del terror blanco para consolidarse como sistema autoritarista sin 'peros'.

El encuentro da sus frutos, pero ambos quieren ir más lejos con una apuesta tan ambiciosa como compleja. A ninguno le vale una perspectiva ajena a la masacre nacional que ha barrido todo atisbo de libertad. Quieren filmar en España, ver –y captar– de primera mano ese territorio en ruinas y arruinado por el conflicto. Buscan, según palabras de Rossif a García-Rayo, rodar "una película sobre España, sobre su historia civil" y su "sentimiento trágico de la vida"; una película que mire a través de quienes vinieron a morir por la libertad.

"Las Brigadas Internacionales fueron a morir a Madrid. Fueron a ganar, pero (también) a morir. Es la única vez en que el combate está claro. Fueron a morir de alguna forma por el honor, no para enriquecerse. Y es la última vez en la historia que se fue a morir por el honor, por la libertad, por el sentimiento histórico", cuenta Rossif. Para lograr su propósito, se marcan un objetivo: obtener un permiso de rodaje de la administración franquista con el fin de grabar en suelo nacional y, además, acceder a las imágenes de archivo disponibles en las instituciones para completar el proyecto. Unas imágenes que las autoridades mantienen guardadas con sumo cuidado para evitar a toda costa su difusión.

A priori, parece imposible que el régimen permita que alguien, y más si es extranjero, tenga a su disposición tales recursos, pero las falsas razones que exhiben Rossif y Stéphane parecen convencer: bajo el título 'La España eterna', afirman querer hacer un largometraje a favor del país que ha construido el Gobierno de Franco. Además, el contexto en el que se mueve Europa juega a su favor. Así lo señala García-Rayo: "España –creen Rossif y Stéphane–, que no anda muy sobrada de publicidad a su favor en Europa y en el mundo (cuando intenta, además, entrar en la CEE), aceptaría gustosa la filmación con el fin lavar un poco su imagen".

'La España eterna', la película que nunca vio la luz

Tras recibir el apoyo del embajador francés en España, que según García-Rayo desconoce el verdadero motivo del documental, y embaucar al Ministerio de Información franquista (primero con Arias-Salgado y luego con Fraga), Rossif pone rumbo a España. Dedica la primavera y el verano del 62 a indagar en esa historia maldita que la dictadura intenta ocultar a todo ojo curioso al tiempo que finge un exagerado interés por la cara amable y moderna de la nación que sus compañeros intentan mostrarle a marchas forzadas: "Tuve que disimular, convirtiéndome en otro hombre para evitar que me descubrieran".

Ya en territorio fascista, el cineasta está escoltado en todo momento por funcionarios del Estado, guardias civiles y policías –se dice que a modo de colaboradores, no de vigilantes–. Lo recuerda así en su conversación con García-Rayo: "Una vez que el engaño surtió efecto, nos dieron todas las facilidades del mundo. Un tipo que venía de parte de Fraga nos acompañó por toda España para eliminar burocracias y dificultades. Se creyó que íbamos a rodar una película a favor de su España. Siempre estaba pendiente de lo que filmábamos, pero pude filmar muchas escenas paralelas a escondidas. Así rodé las iglesias". Pero nadie, ni gobernantes ni administraciones, se da cuenta de lo que está pasando en realidad.

Para el documental, Rossif se nutre de escenas costumbristas y pintorescas, especialmente de la zona rural, que aún convive con la miseria y la pobreza derivadas de la guerra. Pero el verdadero tesoro lo encuentra en el NO-DO y otros archivos preservados en distintas instituciones. Tiene en su poder documentación que revelará al mundo los crímenes de la dictadura, y lo más importante: consigue este material sin una supervisión férrea, evitando así que descubran sus intenciones reales.

Tras meses de trabajo, Rossif monta en el avión que le lleva de regreso a París. Dice García-Rayo que muestra "una gran satisfacción", y es lógico: junto a él viaja el material indispensable para dar luz a la historia más triste de España. Pero el régimen, que ya había comenzado a sospechar del verdadero propósito del proyecto, no tarda en averiguar la verdad y entra en acción. "Enterado el Gobierno de que ha sido engañado, intenta detener, obstaculizar e impedir su estreno", apunta el historiador.

España amenaza a Francia con romper todo lazo comercial y político si no evita su proyección en las salas, lo que provoca un cisma en el país galo. Parte del Gobierno francés quiere ceder a las coacciones del régimen franquista, pero no todos están de acuerdo en censurar el documental. Recuerdan que España se rige por una autoridad fascista, y tras numerosos 'tiras y aflojas', anuncian finalmente que 'Morir en Madrid', largometraje que Rossif ha compuesto principalmente con documentación obtenida en "Francia, Estados Unidos, URSS, Alemania del Este y Yugoslavia", verá la luz. Nada puede frenar ya su puesta en escena.

De 'Morir en Madrid' a 'Morir en España'

El 18 de abril de 1963, ve la luz el proyecto de Rossif. En ella se muestra una nación devastada por su propia historia, la de "los vencidos". El director se sirve de paisajes desolados, escenas de extrema crudeza y violencia, descorazonadoras; de tonos sombríos y una música que evoca a una triste nostalgia, obra de Maurice Jarre, para plasmar la pena de un país que no avanza, traumatizado por su pasado.

Lo sentencia una voz en off en los últimos minutos: "España, 1939. 503.061 kilómetros cuadrados, casi como Francia. Hay dos millones de prisioneros, 500.000 exiliados; en tres años, un millón de muertes violentas. Un único partido, la Falange; un único jefe, el Caudillo". 'Morir en Madrid', dice su autor tiempo después, es "subjetiva, antifranquista". Se habla "de la muerte de Unamuno, de la de García Lorca", pero no "de la ejecución de José Antonio Primo de Rivera". Él lo tiene claro: "Para hacer una película sobre España, la mejor manera de ser objetivo es la no objetividad".

El mundo entero puede ver por fin las cicatrices de una nación abandonada por la libertad, pero Franco, que no quiere dar por perdido el resultado de su extensa campaña propagandística en el exterior, prohíbe su difusión en España y da pie a una intensa campaña de desprestigio contra el documental. Además, ya está preparando una respuesta para recuperar el 'honor' arrebatado y, de paso, seguir desacreditando a Rossif.

Así nace dos años después la película 'Morir en España', dirigida por Mariano Ozores, donde se mitifican de manera descarada las gestas del bando franquista durante la Guerra Civil. Sin embargo, ni aun con toda la publicidad que había recibido para animar a la población a verla tiene el éxito deseado por la administración, que sigue viendo cómo el trabajo de Rossif es recibido con grandes críticas y aplausos por los teatros y salas de cine de todo el mundo. Se lo acaba explicando así a García-Rayo: "Yo sabía que haciendo un film sobre la Guerra Civil española hacía una película universal, porque a través de España, a través del sentimiento trágico de su historia, nos encontramos con todo el mundo sensibilizado por su tragedia".