Continúa la polémica sobre el cuadro de Goya que el marido de Esperanza Aguirre vendió sin declararlo Bien de Interés Cultural. La cuñada de la política, B. Ramírez de Haro, decidió en abril de 2019 relatar a sus sobrinos, los hijos de su hermano Fernando y la baronesa del PP, cómo el retrato de Valentín Belvís de Moncada y Pizarro, pintado por Goya y perteneciente a la familia, había acabado en manos de su padre.

El objetivo de la venta era claro: saldar la deuda millonaria de Fernando Ramírez de Haro, contraída en el contexto de la crisis de 2011 y que amenazaba con llevar a la quiebra las finanzas del matrimonio, puesto que Aguirre y Ramírez de Haro están casados en régimen de gananciales.

En el audio aportado al juzgado y que ha publicado elDiario.es, la cuñada de Esperanza Aguirre reconoce que el cuadro no pertenecía inicialmente a su hermano Fernando. Así, lo que obligó a simular una donación que nunca había existido para que el marido de la expresidenta madrileña pudiera venderlo y saldar sus deudas.

"Dijo que si vendía, repartiría"

"Vale la pena conocerla y además es una historia muy bonita de nuestra familia. Capítulo primero, se llama 'La lista'", comienza la narración, que está ya en manos de la Fiscalía. B. Ramírez de Haro cuenta cómo los suegros de Aguirre elaboraron una lista de objetos familiares para que su primogénito los custodiara.

"Dijo que era muy consciente de que le habían dejado esas cosas para conservarlas y que si alguna vez vendía alguna la repartiría entre sus hermanos". Pero durante la crisis financiera de 2011 el empresario acumulaba una deuda insostenible, y es entonces cuando se urde el plan.

"Se creó inmediatamente un gabinete de crisis entre los hermanos y 'Don Valentín' [el nombre del cuadro] pasó de valer unos cientos de miles de euros en el mejor de los casos a valer más de seis millones. Ya teníamos el bien para afrontar la deuda, pero no era propiedad de vuestro padre", ahonda la cuñada.

Una donación fantasma

Lo que parece la historia de cómo una familia ayuda a un hermano para evitar la ruina se convierte en confesión de un fraude. "Tuvimos que inventar una donación que nunca ocurrió. Una donación con la que no todos los hermanos estaban de acuerdo. En un primer momento, uno se negó. Fue un verdadero problema, problema de conciencia firmar una mentira. Tanto es así que se negó a firmar", admite.

Finalmente el cuadro se vendió por más de 5 millones de euros, que no repartió entre el resto de hermanos. Uno de ellos se querelló contra Aguirre y su marido al no recibir su parte, y la apertura de una investigación judicial.