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Sigue la última hora tras los terremotos de Venezuela

Tragedia en Venezuela

Sigue la búsqueda de supervivientes en Venezuela, entre el dolor y esperanza: "Tengo cuatro niños, les escuché gritar"

Los detalles Cada rescate en La Guaira se vive como un milagro, ante la certeza de que a cada hora que pasa será más complicado encontrar supervivientes.

Un hombre es rescatado en La Guaira
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Los venezolanos siguen su incesante búsqueda de supervivientes entre los escombros que asolan el país tras el doblete sísmico del miércoles. Saben que las primeras horas son fundamentales para salvar al mayor número de personas posible, y por eso, ante la falta de maquinaria, apartan los cascotes con sus propias manos.

La ONU calcula que hay 50.000 desaparecidos, y de momento el Gobierno venezolano ha cifrado en algo más de 900 los muertos, un número que va a crecer y que ya tiene como protagonistas a demasiadas personas.

Entre las víctimas mortales están los pequeños Leyder y Leymar Rojas, de tres y diez años. Envueltos en una sábana, unos rescatistas transportan sus cuerpos mientras su madre, rota de dolor, se desmaya al conocer la noticia.

De los tres niños atrapados, su tío solo ha logrado rescatar con vida a uno de ellos, el menor de cuatro años. "Hemos visto demasiado y luchando para sacar a los niños con la esperanza de sacarlos vivos. Sacamos a uno, eran los tres. A ellos no llegamos", lamenta.

Es la peor imagen de la tragedia. La de vidas que se van demasiado pronto, incluso al poco de haber siquiera empezado. "Tengo cuatro niños que están ahí con mi mamá. Los escuché gritar anoche y yo no sé si están vivos todavía", clama una mujer.

Daritza contempla el cuerpo de su madre. "No tengo palabras, ni palabras", afirma. Mientras que el pequeño Mateo es el único superviviente de su familia. "Me llamo Mateo, el único que sobrevivió a este derrumbe fui yo. Mi mamá dejó de respirar ayer a las 7:30", cuenta tras ser sacado de las ruinas.

Casos que reavivan la esperanza

Tras la debacle, Venezuela vive entre el inmenso dolor de estas pérdidas, pero también mantiene la esperanza ante rescates como el de un bebé, de tan solo 18 días. O la de una niña a la que sus padres pueden sostener de nuevo en brazos.

Entre vigas, polvo y astillas, todavía muchos se aferran a la vida. Sacan poco a poco a una mujer de entre los escombros que, pese a haberse quedado sin fuerzas, es capaz de mostrar gratitud a sus salvadores.

Servicios de emergencia, vecinos y familiares se unen para encontrar a los que todavía están atrapados. "¿Cuántos años tienes?", pregunta un rescatista, "tengo 12, me llamo Samuel", responde el niño.

Incluso ponen en riesgo sus vidas para salvar las de otros, como la de Graciela. "Cuando empezó el temblor, me agarré durísimo, durísimo al marco de la puerta, tanto que me partí el dedo", relata tras ser rescatada. En otro lugar, un niño está a punto de reunirse con su madre y sus hermanas, que esperan aliviadas de verle con vida.

Cuando hay suerte, el entusiasmo, se apodera de todos, que gritan de alegría y se funden en aplausos, sabiendo que cada vida salvada es un milagro.

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