Trump, el destructor

El muro de Trump avanza entre dinamita y maquinaria sobre territorios sagrados de los pueblos indígenas

Los detalles La ampliación del muro fronterizo impulsada por la Administración de Donald Trump está afectando a lugares considerados sagrados por comunidades indígenas a ambos lados de la frontera.

El muro de Trump avanza entre dinamita y maquinaria sobre territorios sagrados de los pueblos indígenas
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Un muro de hierro serpentea durante kilómetros entre las montañas y hace cada vez más visible la frontera entre Estados Unidos y México. Pero para los pueblos indígenas que llevan miles de años viviendo en este territorio, esa división es mucho más reciente y, sobre todo, artificial. La ampliación del muro fronterizo impulsada por la Administración de Donald Trump está afectando a lugares considerados sagrados por comunidades indígenas a ambos lados de la frontera.

Uno de los casos más destacados es el del cerro Cuchumá, una montaña sagrada para el pueblo Kumiai que quedó dividida por la frontera. Las obras para ampliar la barrera han incluido el uso de maquinaria pesada y explosivos en la zona. Norma Meza Calles, líder tribal Kumiai, describe desde México lo que escuchan al otro lado de la frontera: "Usan dinamita, porque se oyen muy fuertes los truenos y mucho polvo, máquinas muy grandes sacando piedras".

"Como una iglesia para los católicos"

Para los Kumiai, Cuchumá no es simplemente una montaña: "Es como una iglesia para los católicos, es donde podemos dejar todo lo pesado de nosotros, frustraciones, tristezas", explica Meza Calles. Según la tradición que relata, un chamán se convirtió en montaña: "La montaña es su cabeza, su cerebro, es donde está toda la energía".

La comunidad lleva miles de años vinculada a este territorio, pero la frontera trazada entre Estados Unidos y México en el siglo XIX terminó dividiendo también al pueblo Kumiai entre ambos países. "La montaña tiene su vida, porque no somos dueños nosotros de las tierras, somos parte de ella, no somos dueños para hacer desastre", reivindica la líder tribal.

El problema no se limita a Cuchumá. En Arizona, las obras del muro también han dañado un antiguo geoglifo conocido como Las Playas Intaglio, una enorme figura grabada en el terreno que se estima que tiene al menos 1.000 años de antigüedad.

Las máquinas atravesaron parte de la figura durante los trabajos. La propia Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU confirmó que un contratista había alterado el lugar, aunque calificó el daño de accidental y aseguró que la parte restante había sido protegida. Para Verlon Jose, líder de los Tohono O'odham, lo que se ha perdido es mucho más que una parte del terreno: "Esto era más que tierra. Era memoria. Identidad. Era historia".

Los muros intentan establecer físicamente dónde termina un país y comienza otro, mientras las comunidades indígenas recuerdan que sus territorios y sus vínculos con la tierra son anteriores a esa frontera. "Ellos hacen división, de allí es de allá, y de acá es de acá. Para nosotros no es de acá ni de allá, todo es uno. Pero la ley así es, desgraciadamente", lamenta Meza Calles.

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