Dos heridos y seis heridos es el balance que deja el último ataque a un centro sanitario en Siria. El centro, un hospital materno infantil perteneciente a la ONG Save the Children, era el único en más de 100 kilómetros.
"Hubo siete bombardeos en la localidad", explica el doctor Abdulkarim Ekzayez, de la ONG afectada. "Tres de ellos fueron en los alrededores del hospital y, de ellos, uno impactó en la entrada, donde había mucha gente esperando", añade. La ONG denuncia que el acto fue premeditado y lo relaciona con otros bombardeos en instalaciones sanitarias que han tenido lugar desde el comienzo del conflicto.
En total, han sido 373 los ataques perpetrados contra estas instalaciones por parte de fuerzas sirias, rusas y otros grupos armados. En consecuencia, 750 médicos han muerto sólo desde mayo de este año. Sin embargo, para muchos, estas cifras no son sino "errores humanos". La ONU pide que se respeten las normas, ya que los ataques intencionados y directos sobre hospitales son crímenes de guerra.
De hecho, los centros sanitarios están protegidos por el artículo 8 de la Convención de Ginebra. Sin embargo, eso no evita los ataques como el del hospital de Médicos sin Fronteras de Alepo en el que murieron al menos 20 personas, entre ellas tres niños y el único médico pediatra de la zona, o el que tuvo lugar en Kunduz y acabó con la vida de 30 personas.

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