Mensajes descubiertos

Jan Marsalek, el presunto espía ruso que se atribuye haber "derrocado" al excanciller austríaco Sebastian Kurz

El contexto Kurz llegó al poder en 2017 con solo 31 años, convirtiéndose en el jefe de Gobierno más joven del mundo en aquel momento. Cuatro años después dimitió, en medio de una investigación por presuntos casos de corrupción.

Jan Marsalek, el presunto espía ruso que se atribuye haber "derrocado" al excanciller austríaco Sebastian Kurz
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¿Pudo Rusia intervenir directamente en la caída de un líder europeo? Esa es la hipótesis que vuelve a situarse sobre la mesa tras una investigación publicada por el periódico británico 'The Telegraph', que ha sacado a la luz unos mensajes en los que Jan Marsalek, un fugitivo vinculado a los servicios de inteligencia rusos, asegura haber participado en la caída del entonces canciller de Austria, Sebastian Kurz.

Kurz llegó al poder en 2017 con solo 31 años, convirtiéndose en el jefe de Gobierno más joven del mundo en aquel momento. Su ascenso político fue rápido, pero su trayectoria terminó cuatro años después, en octubre de 2021, cuando anunció su dimisión en medio de una investigación por presuntos casos de corrupción que siempre ha negado.

Ahora, los mensajes de Marsalek apuntan a una posible conexión entre aquella caída política y una operación de espionaje rusa. Según los documentos consultados por 'The Telegraph', el antiguo directivo de Wirecard habría presumido de haber contribuido a apartar a Kurz del poder.

El móvil de uno de sus colaboradores, clave en la caída de Kurz

La historia se remonta a noviembre de 2019, cuando las autoridades austríacas se incautaron del teléfono móvil de Thomas Schmid, uno de los colaboradores más cercanos a Kurz y antiguo alto cargo del Ministerio de Finanzas. En ese dispositivo se recuperaron miles de mensajes que terminaron convirtiéndose en una pieza fundamental de varias investigaciones por corrupción.

En esas conversaciones aparecían referencias a nombramientos políticos, publicidad institucional y presuntas maniobras para utilizar dinero público en beneficio del partido de Kurz. La información extraída del teléfono alimentó las investigaciones que desembocaron en registros en la Cancillería, el Ministerio de Finanzas y la sede del partido conservador ÖVP en octubre de 2021. Poco después, el canciller presentó su dimisión.

'The Telegraph' ha tenido acceso a unos mensajes intercambiados por Jan Marsalek con Orlin Roussev, el responsable de una red de espionaje rusa que operaba desde Reino Unido y que fue condenado a más de diez años de prisión. En uno de esos mensajes, apenas dos semanas después de la dimisión de Kurz, Marsalek presumía de que habían conseguido "derrocar con éxito" al excanciller mediante la confiscación del teléfono del hombre que gestionaba su supuesta financiación secreta de campaña. Más adelante, añadía que "el resto de los chats acabaron con el canciller".

Los investigadores austríacos interpretaron esos mensajes como una admisión de que Marsalek habría participado en la incautación del teléfono. Sin embargo, hay un elemento fundamental: no existen pruebas independientes que demuestren que organizara aquella intervención. Además, el dispositivo había sido requisado por las autoridades austríacas casi dos años antes de que enviara esos mensajes.

Jan Marsalek, uno de los fugitivos más buscados de Europa

El protagonista de esta historia es Jan Marsalek, antiguo directivo de Wirecard, una empresa tecnológica alemana que se hundió en 2020 tras destaparse un enorme agujero en sus cuentas. Marsalek desapareció en junio de ese año y desde entonces permanece huido de la Justicia. Está reclamado por fraude y es investigado por presuntas actividades de espionaje en varios países europeos.

Las autoridades británicas le vinculan con una red de agentes que trabajaba para los servicios secretos rusos y que realizaba labores de vigilancia contra opositores al Kremlin y periodistas de investigación. Su colaborador Orlin Roussev fue detenido en Reino Unido en febrero de 2023 y posteriormente condenado a diez años y ocho meses de prisión por espionaje. Los mensajes que ahora han salido a la luz fueron recuperados de los dispositivos electrónicos que la Policía británica confiscó durante aquella operación.

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