Una cuestión política

Los franceses se pasan al aire acondicionado ante las olas de calor: de ser un privilegio de derechas a una necesidad

Las cifras El 60% de hogares españoles cuenta con aire acondicionado, mientras que en Francia solo hay en uno de cada cuatro.

El porcentaje de hogares españoles con aire acondicionado frente el de Francia
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Este miércoles damos la bienvenida al mes de julio, que llega con más calor. A pesar del aumento cada vez más constante de las temperaturas, España está preparada para el calor. No ocurre lo mismo en Francia, donde están teniendo verdaderos problemas tras el paso de la primera ola de calor del verano.

En el país galo no están demasiado acostumbrados al uso del aire acondicionado. No porque haga menos calor, sino por la carga política que implica tener ese aparato. Se considera un privilegio y algo de derechas, un planteamiento que ahora está empezando a cambiar.

El debate por el calor ha llegado incluso a la Asamblea Nacional. "La ola de calor es política", ha subrayado la diputada y líder del bloque ecologista, Cyrielle Chatelain.

Mientras que en España el 60% de los hogares cuentan con un aire acondicionado, en Francia solo hay en uno de cada cuatro. Durante décadas, se ha considerado a este aparato como un símbolo de derechas, un lujo rechazado por la izquierda y su argumentación ecologista. Lo veía como una salida fácil en vez de afrontar el calentamiento global.

1.000 muertos por el calor

Pero la ola de calor ha cambiado la manera en la que muchos franceses ven las cosas. Se han suspendido clases, han sufrido los hospitales, las familias han tenido que buscar soluciones creativas. Se han dado cuenta del peligro que supone el calor.

Por ejemplo, en París, un autobús sin aire acondicionado se ha subido a la acera porque a su conductor le daba un golpe de calor. Además, en las últimas semanas se ha registrado un millar de muertes asociadas a la ola de calor.

Ante esta nueva realidad, para una Francia poco preparada para las temperaturas récord, el aire acondicionado empieza a dejar de considerarse un privilegio, y pasa a ser una necesidad.

Hay quienes todavía rechazan esta opción. "Es una solución a corto plazo, solo para nuestra comodidad, cuando llevamos tanto tiempo comprometidos a no contribuir más al cambio climático", comenta un activista. Sin embargo, muchos ya se preparan, política aparte, para que la próxima ola les pille listos.

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