Toda una dinastía en peligro
La dinastía más antigua del mundo se queda sin herederos: Japón busca cómo evitar el final de 2.600 años de historia
Los detalles Más de 2.600 años después de que comenzara la dinastía Yamato, la monarquía más antigua del planeta se enfrenta a una amenaza que no tiene que ver ni con guerras ni con revoluciones. Su continuidad depende, literalmente, de que nazcan hombres.

Resumen IA supervisado
La familia imperial japonesa enfrenta una crisis sucesoria debido a la falta de herederos varones, ya que el emperador Naruhito no tiene hijos masculinos y la ley sálica impide que las mujeres accedan al trono. Actualmente, solo tres hombres tienen derecho a suceder: el príncipe Fumihito, su hijo Hisahito y el anciano príncipe Hitachi. La solución que propone el gobierno no es permitir que las mujeres reinen, sino adoptar hombres de antiguas ramas de la dinastía. Esta medida busca ampliar el número de herederos sin romper la tradición masculina. La familia imperial se reduce, ya que las mujeres pierden su estatus al casarse con plebeyos, limitando la representación oficial. Mientras que en Europa muchas monarquías han eliminado la preferencia masculina, Japón se centra en preservar su dinastía milenaria.
* Resumen supervisado por periodistas.
La familia imperial japonesa vive una carrera contrarreloj. El emperador Naruhito no tiene hijos varones y la estricta ley de sucesión del país impide que una mujer ocupe el Trono del Crisantemo. El resultado es una situación inédita: solo quedan tres hombres con derecho a mantener viva una dinastía que presume de no haberse interrumpido en más de dos milenios y medio.
El primero en la línea sucesoria es el príncipe Fumihito, también conocido como Akishino, hermano del emperador y de 60 años. Tras él figura su único hijo varón, el príncipe Hisahito, de 20 años. El tercero es el príncipe Hitachi, tío de Naruhito, que ya ha cumplido los 90. Y ahí está el cuello de botella: si Hisahito no tiene descendencia masculina, la dinastía Yamato se quedaría sin continuidad.
El problema tiene nombre: ley sálica. Japón mantiene un sistema sucesorio que solo permite reinar a los hombres descendientes por línea masculina. Por eso, Aiko, la única hija del emperador Naruhito, está automáticamente excluida de la sucesión pese a ser su descendiente directa.
Asimismo, tampoco pueden acceder al trono las demás mujeres de la familia imperial. Y, además, cuando una princesa se casa con un ciudadano que no pertenece a la realeza, pierde su condición de miembro de la familia imperial. Es decir, la institución no solo deja de sumar herederos sino que también pierde representantes.
La solución no pasa por permitir que reinen las mujeres
Mientras muchos podrían pensar que la salida más sencilla sería modificar las normas para permitir el acceso de las mujeres al trono, el debate político japonés ha tomado otro camino. La reforma que estudia el Gobierno contempla que puedan incorporarse a la familia imperial hombres pertenecientes a 11 antiguas ramas de la dinastía, separadas de la línea sucesoria tras la Segunda Guerra Mundial. La fórmula sería la adopción de varones solteros mayores de 15 años descendientes, por línea masculina, de antiguos emperadores.
Con ello se ampliaría el reducido número de posibles herederos sin romper el principio de sucesión exclusivamente masculina que ha caracterizado a la monarquía japonesa durante siglos.
La propuesta cuenta con cierto respaldo social y es que según una encuesta de la agencia Jiji Press, un 40% de los japoneses apoya que esos hombres adoptados puedan entrar en la línea sucesoria, frente al 34% que preferiría reforzar el papel de las mujeres de la familia imperial permitiendo que mantengan su estatus tras casarse con plebeyos.
El problema de Japón no es solo quién heredará el trono dentro de varias décadas, también es quién representa hoy a la institución. Por su parte, la familia imperial se ha ido reduciendo generación tras generación y las mujeres abandonan oficialmente la Casa Imperial cuando contraen matrimonio con ciudadanos sin sangre real, lo que ha dejado a la institución con cada vez menos miembros para cumplir funciones oficiales.
A su vez, la reforma también pretende corregir parcialmente esa situación permitiendo que esas mujeres puedan seguir desempeñando labores de representación, aunque sus hijos continúen sin formar parte de la línea sucesoria. La norma japonesa resulta excepcional entre las monarquías actuales. La mayoría de las casas reales europeas han eliminado la preferencia masculina y aplican la primogenitura absoluta: hereda el hijo mayor, sea hombre o mujer.
Entre las monarquías parlamentarias europeas, solo Liechtenstein mantiene la exclusión de las mujeres del trono. En otras, como la española, ya no existe una ley sálica estricta, aunque la Constitución sigue otorgando preferencia al varón sobre la mujer cuando ambos pertenecen a la misma línea de sucesión.
En Japón, sin embargo, el debate sigue siendo otro. No se discute tanto si una mujer debería poder convertirse en emperatriz reinante, sino cómo evitar que una de las instituciones más antiguas del mundo llegue a su fin por falta de herederos varones.