EL PATRIMONIO QUE SE LO COMAN OTROS

Destinos hartos del turismo: de la estancia limitada en Tailandia al deseo de Eslovaquia de dejar de ser Patrimonio de la Unesco

Los detalles Tailandia espera hasta 30.000 turistas para su Full Moon Party. Ante las conductas "descontroladas", han restringido el tiempo de los visados a solo 30 días. Pero también hay lugares que prefieren perder el reconocimiento sobre su patrimonio para ver una disminución en los viajeros.

Destinos hartos del turismo: de la estancia limitada en Tailandia al deseo de Eslovaquia de dejar de ser Patrimonio de la Unesco
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En dos semanas 30.000 personas estarán de fiesta en la Full Moon Party, en Tailandia. Muchos de los que viajan hasta allí para disfrutar del evento alargan su viaje. Incluso hay gente que se queda tres meses. Pero esto va a cambiar, porque el Gobierno de Tailandia se ha cansado de juerguistas y va a rebajar la mayoría de los visados para que sean válidos durante un máximo de 30 días. Lo defienden como una medida para evitar la delincuencia y las conductas "descontroladas".

Turistas descontrolados hay por todo el mundo y ciudades hartas también. Tan cansadas de la masificación en sus calles que hasta han pedido a la Unesco salir de sus listas. Es decir, ciudades que han llegado a desear que les quiten el reconocimiento a su patrimonio, para que se lleven también a los turistas.

Porque parece que, a veces, acoger elementos del Patrimonio Mundial es un marrón. Sobre todo cuando los sitios son tan pequeños que no pueden asumir las avalanchas turísticas, como ha sucedido en una aldea medieval eslovaca.

Con solo 20 habitantes y 45 casas preciosas, Vlkolínec consiguió algo casi impensable: formar parte de la lista de Patrimonio Mundial en la década de los 90. Desde ese momento, allí no hay quien viva. Ahora, llegan hasta 100.000 visitantes cada año y los vecinos han pedido a la Unesco que los saque. Prefieren estar fuera y que se lleven a los turistas.

¿Cómo se deja de ser Patrimonio Mundial?

Pero es que, salir de la lista no es tan fácil. No vale con pedirlo, sino que el lugar en cuestión tiene que perder los valores que justificaron que estuviera reconocido por la Unesco.

Por ejemplo, en 2021 Liverpool fue expulsada porque hicieron obras en el puerto marítimo. Tras ellas, la ciudad dejó de ser la que era, la que fue cuando entró en la lista y, por ello, dejó de formar parte de ella. Eso sí, si nos pensábamos que con eso iba a bajar el turismo, la respuesta es no.

Tampoco disminuyó el número de turistas en el Santuario del Oryx de Arabia. Fue el priemro en salir de la lista, en 2007. En su caso, porque Omán redujo el área protegida para explotar petroleo. Y tampoco se ha reducido el tuirusmo en el Valle del Elba, en Dresde, la tercera zona en perder el patrimonio mundial, en su caso porque hicieorn un puente que altera el paisaje.

Solo esas tres han abandonado la lista en la que hay 1.248 sitios reconocidos de 170 países. A la mayoría el distuintivo les viene bien, entre otras cosas porque facilita el acceso a fondos internacionales; pero también tiene consecuencias más allá del turismo.

Lo que más rechazo acaba provocando en los habitantes es no poder tocar casi nada del paisaje, tampoco las casas. En la region de los Trulli, en Italia, las normas de conservación de la Unesco les impiden modernizar las casas, las calles y hasta las infraestructuras.

El patrimonio mundial les hace vivir atrapados en el tiempo y rodeados de turistas.

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