¿QUÉ COMPRAR?
La UE da otro paso atrás con el fin de la gasolina y el diésel: lo que cambia de verdad si estás pensando en comprarte coche
El fin de la gasolina y el diésel ya no es tan inminente como parecía y ese pequeño giro de la Unión Europea lo cambia todo si estás pensando en comprarte coche hoy.

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Durante años, el mensaje ha sido claro, casi inamovible: en 2035 se acababa la gasolina y el diésel. Así, sin matices. Una fecha marcada en rojo que ha generado más dudas que certezas entre quienes, sencillamente, quieren comprarse un coche sin equivocarse. Ahora, con menos de una década por delante, la Unión Europea ha pisado el freno y ha introducido un cambio clave que lo altera todo: el adiós a los motores térmicos ya no será tan absoluto como se esperaba.
La pregunta es evidente: ¿qué significa esto para ti si estás mirando un coche nuevo hoy?
No se prohibía la gasolina, se prohibían los coches… y ahora ya no del todo
Conviene aclarar algo que ha generado mucha confusión desde el principio. La normativa prevista para 2035 no prohibía vender gasolina o diésel, sino vender coches nuevos que los usaran. Los coches existentes podían seguir circulando sin problema. Aun así, el impacto psicológico ha sido enorme y ha condicionado decisiones de compra durante años.
Ahora, tras meses de presión por parte de la industria del automóvil y de varios países miembros, Bruselas ha aceptado revisar la hoja de ruta. ¿El motivo? La realidad del mercado: las ventas de coches eléctricos puros siguen creciendo, sí, pero muy por debajo de lo que se esperaba cuando se diseñó la transición.

La clave está en ese 10% que lo cambia todo
El gran giro llega con el nuevo margen de emisiones. El objetivo inicial era claro: 0% de emisiones en 2035. La nueva propuesta introduce una horquilla: hasta un 10% de emisiones permitidas. Traducido al lenguaje de la calle, esto abre la puerta a que determinados coches con motor térmico sigan vendiéndose más allá de 2035, siempre que cumplan ese límite.
No hablamos de motores “de antes”, sino de mecánicas muy afinadas, probablemente híbridas, con emisiones extremadamente bajas. Es una concesión pequeña sobre el papel, pero enorme en la práctica, porque devuelve margen de maniobra a fabricantes y compradores.
Gasolina y diésel: no salen igual parados
Aquí hay un claro ganador y un claro perdedor. El diésel lleva años cuesta abajo: menos demanda, mayor complejidad mecánica y un mantenimiento cada vez más caro. Esta prórroga no parece pensada para salvar al diésel, sino más bien para dar oxígeno a la gasolina.
Y dentro de la gasolina, hay un tipo de coche que sale especialmente reforzado: los híbridos de gasolina, hoy por hoy la opción más comprada por el usuario medio. Consumen poco, no dependen de enchufes, no generan ansiedad por la autonomía y encajan bien en ese margen de emisiones que ahora permite la UE.

¿Qué dice Europa oficialmente?
Desde Bruselas, el mensaje es de equilibrio. Ursula von der Leyen ha insistido en que la ambición climática sigue intacta, pero que no puede ignorarse la realidad económica e industrial. En estos nueve años que quedan por delante, la UE quiere impulsar procesos más limpios —acero verde, hidrógeno renovable o cadenas de producción con menos CO₂— y proteger su industria, incluso limitando la comercialización a vehículos fabricados en suelo europeo.
Los eléctricos de batería y los coches de hidrógenosiguen siendo la prioridad, pero el camino hasta ellos ya no será tan rígido.
Entonces… ¿qué coche tiene sentido comprar ahora?
Esta es la pregunta que realmente importa. Y la respuesta, por primera vez en mucho tiempo, es menos angustiosa:
- Comprar hoy un coche de gasolina no es una locura, siempre que sea moderno y eficiente.
- Los híbridos salen claramente reforzados: encajan con la normativa futura y con el uso real de la mayoría de conductores.
- El diésel pierde aún más sentido, salvo casos muy concretos de alto kilometraje.
- El eléctrico sigue siendo buena opción, pero ya no es “la única correcta”.
La Unión Europea no ha renunciado a las emisiones cero, pero sí ha admitido algo fundamental: no todos los conductores están en el mismo punto ni pueden asumir el mismo cambio al mismo ritmo. Esta pequeña ventana del 10% no es una marcha atrás total, pero sí un reconocimiento de que la transición necesita más realismo.
Para el usuario de a pie, el mensaje es claro: no hace falta correr con miedo, pero sí comprar con cabeza. Y, por primera vez en años, el mercado vuelve a ofrecer algo muy valioso: margen para elegir sin sentir que te estás equivocando desde el primer kilómetro.
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