EEUU VS CHINA
El mundo se está volviendo loco: Estados Unidos quiere frenar a China y Mercedes-Benz podría ser la gran damnificada
Una propuesta estadounidense pretende prohibir los coches conectados de fabricantes con más de un 15 % de participación china. Mercedes-Benz supera ese límite y podría verse obligada a cambiar su accionariado para seguir vendiendo en Estados Unidos.

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En la industria del automóvil ya no basta con saber dónde se fabrica un coche o qué logotipo lleva en el capó. También importa quién ha desarrollado su software, de dónde proceden sus componentes electrónicos y, como acaba de descubrir Mercedes-Benz, quiénes son los accionistas de la empresa.
Estados Unidos está preparando una nueva ofensiva para reducir la influencia de China sobre los vehículos conectados que circulan por sus carreteras. El problema es que las restricciones propuestas no afectarían únicamente a fabricantes chinos como BYD, NIO o Geely. Una aplicación literal de las nuevas condiciones podría dejar fuera del mercado estadounidense a una marca inequívocamente alemana: Mercedes-Benz.

Mercedes-Benz tiene más capital chino del permitido
El Comité de Comercio del Senado estadounidense ha dado luz verde a una propuesta que pretende endurecer las limitaciones aplicadas a los fabricantes vinculados con China. Uno de sus puntos más controvertidos impediría vender vehículos conectados en Estados Unidos a las compañías participadas en más de un 15 % por entidades chinas.
Mercedes-Benz superaría claramente ese umbral. El grupo chino BAIC posee actualmente un 9,98 % de los derechos de voto de Mercedes-Benz Group, mientras que Li Shufu, fundador y presidente del grupo Geely, controla otro 9,69 % a través de una sociedad de inversión.
La suma de ambas participaciones deja aproximadamente un 19,67 % del fabricante alemán en manos de inversores chinos. Aunque ninguno de ellos controla por sí solo la compañía y sus participaciones son consideradas inversiones pasivas, la redacción actual de la propuesta podría incluirlas dentro del cálculo.
La consecuencia resulta tan llamativa como paradójica: una norma concebida para impedir la entrada de fabricantes chinos podría terminar bloqueando a Mercedes-Benz, una empresa alemana con fábricas, trabajadores y una importante red comercial en Estados Unidos.

No es una prohibición inmediata, pero la amenaza es real
Mercedes-Benz no va a desaparecer mañana de los concesionarios estadounidenses. La propuesta todavía tendrá que superar el Senado, la Cámara de Representantes y el proceso de negociación necesario antes de convertirse en ley. Además, varios legisladores ya han reconocido que el texto necesita cambios para evitar consecuencias no deseadas.
El senador republicano Ted Cruz ha señalado precisamente a Mercedes-Benz como ejemplo de los problemas que puede provocar el límite del 15 %. Por su parte, el senador Bernie Moreno ha explicado que el fabricante tendría hasta 2030 para adaptarse y que podrían existir exenciones para determinados casos.
Aun así, no se trata de una posibilidad completamente teórica. Polestar ya ha tenido que abandonar sus planes de venta en Estados Unidos después de no conseguir una autorización especial bajo las restricciones estadounidenses contra el software y la tecnología vinculados con China.
Estados Unidos ya no solo pregunta dónde se fabrica el coche
La nueva política estadounidense parte de la idea de que un coche moderno es mucho más que una máquina con cuatro ruedas. Cámaras, micrófonos, sistemas GPS, conexiones móviles, asistentes de conducción y actualizaciones remotas convierten cada vehículo en un dispositivo capaz de recopilar y transmitir grandes cantidades de información.
Washington teme que una empresa sometida a la jurisdicción china pueda verse obligada a entregar esos datos o permitir el acceso a determinados sistemas. Por eso, las restricciones ya aprobadas prohíben desde el año modelo 2027 determinados programas informáticos relacionados con China o Rusia, mientras que las limitaciones sobre hardware llegarán posteriormente.
La nueva propuesta da un paso más: no se fija únicamente en la procedencia del software, sino también en la estructura accionarial del fabricante. Mercedes-Benz podría, por tanto, cumplir todos los requisitos técnicos y fabricar sus coches en suelo estadounidense, pero seguir teniendo problemas por el origen de casi una quinta parte de su capital.

Mercedes tendrá que elegir entre China y Estados Unidos
El escenario coloca al fabricante en una posición especialmente incómoda. China ha sido durante años uno de sus mercados más importantes y BAIC es, además de accionista, un socio industrial esencial para Mercedes-Benz en el país asiático. Al mismo tiempo, Estados Unidos es fundamental para sus modelos de lujo, sus SUV y su gama de altas prestaciones.
Mercedes ya había estudiado aumentar la producción en Estados Unidos para reducir el impacto de los aranceles. Sin embargo, producir más coches allí no solucionaría este nuevo problema, porque la cuestión no es dónde se monta el vehículo, sino quién posee la empresa.
Si la norma se aprueba sin modificaciones, Mercedes-Benz tendría varias opciones: reducir la participación conjunta de sus inversores chinos, negociar una exención o intentar demostrar que esas participaciones no implican control sobre sus vehículos conectados.
Lo más probable es que Estados Unidos termine introduciendo algún mecanismo para evitar la expulsión de Mercedes-Benz. Pero el episodio demuestra hasta dónde está llegando la guerra tecnológica contra China: una marca puede fabricar coches en Alabama, emplear a miles de estadounidenses y seguir siendo considerada demasiado china para venderlos en Estados Unidos.
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