ESPACIO INTERIOR
El lado B del Honda Prelude: el coupé japonés 2+2 cuya dinámica de conducción ya casi no existe en el mercado
Analicemos al deportivo de la segunda fila hacia la zaga. Cuánta habitabilidad ofrece para pasajeros traseros y cuánto volumen garantiza su maletero.

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El Honda Prelude no juega al misterio para mostrar su faceta principal: la de un coupé de condiciones deportivas. No técnicamente deportivo, debido a la configuración interior con la que se identificó a lo largo de todas sus generaciones, pero sí apuntado a una experiencia de rendimiento que contempla tanto la respuesta de un motor térmico como la reducción de peso y el diseño como prioridad.
Y es precisamente de su configuración 2+2 que deriva la siguiente pregunta: ¿vale la pena este modelo japonés de los respaldos delanteros hacia atrás? Sabemos que, por tradición y actualidad, el Prelude monta su motor al frente y tracciona mediante las ruedas delanteras. Puertas adentro, hemos comprobado cómo su deportividad, por acabados y detalles, por prioridad de botones físicos e interfaces digitales en segundo plano, por asientos –vaya sujeciones laterales– y ergonomía, se expresa en los puestos delanteros.

A lo que el coche no le da prioridad es a sus prestaciones traseras. Sí, hablamos de un coupé de cuatro plazas y puedes ser testigo de su dinámica de conducción ocupando uno de los dos asientos posteriores, pero, como todo 2+2, estas plazas funcionan más de forma testimonial que funcional.
Asientos traseros y maletero: el Honda Prelude te quita y te da
Una vez abatidos los respaldos delanteros, el diagnóstico que nos arroja el espacio de la segunda fila es contundente: no solo no es un coche para acomodar nuestras piernas con la libertad que sí nos puede brindar un urbano, pues tampoco lo es para viajar con comodidad de los hombros hacia arriba. No si mides más de un metro sesenta. Ese es, digamos, el límite que impone su línea coupé. Pasada esa estatura sentirás la luneta sobre tu cabeza. No solo la luneta: el pilar mismo resultaría invasivo.
Mucho menos esperes generosidad de SUV en el maletero, pero, teniendo en cuenta el tipo de carrocería que representa, debemos reconocer un espacio trasero que se presta para sacarle jugo. Así como su diseño te quita, también te da. Todo parte de una apertura que nace de su silueta y que es lo suficientemente notable como para, si así lo quisiéramos, ingresar desde la zaga como si se tratara de un Isetta, pero a la inversa. Llevándolo a cifras, el volumen inicia con unos 269 litros nada despreciables –abriendo el doble fondo y utilizando el hueco en la base– y alcanza su capacidad máxima de 663 litros hasta las ventanas abatiendo los asientos o bien de 760 litros con los asientos plegados y la carga hasta el techo.

El resultado es un coupé que prácticamente es un biplaza. Lógicamente, no es para viajes de cuatro personas, aunque ese espacio puede ser ideal por ejemplo para llevar una mascota de forma legal ocupando su lugar. O en un determinado caso, aprovechas el espacio detrás de los respaldos delanteros para exprimir el volumen de carga.
Estilo en la zaga no te faltará, gracias a la sutil tira lumínica, una tipografía Prelude que, aunque similar a la de Porsche, no le sienta nada mal y le construye identidad, y unos elementos aerodinámicos que completan el concepto junto al agresivo paragolpes.
Al margen de todas estas apreciaciones, insisto en que se trata de un coche para conductores que buscan, ante todo, la experiencia de conducción y, más allá de las ventajas y desventajas mencionadas, no es más que un lado B lo que el Prelude propone de su mitad hacia atrás.
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