PUEDE SER LETAL

El error con los charcos que te puede salir carísimo

Casi todos lo hacemos sin pensar, pero atravesar un charco a velocidad esconde consecuencias que van mucho más allá de salpicar a un peatón. Puedes pagarlo con la vida incluso.

Lluvias intensas

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Las lluvias intensas que lleva acumulando la península desde principios de año (y que por ejemplo han inundado Andalucía) han convertido muchas calzadas en auténticas trampas. Los charcos parecen inofensivos a simple vista, pero su profundidad es imposible de calcular mientras conduces, y lo que se esconde debajo puede comprometer el control del coche en cuestión de décimas de segundo.

Dejas de ver la carretera

Cuando entras rápido en un charco, el agua se levanta con fuerza y forma una cortina que te deja a ciegas durante un instante. Las salpicaduras ensucian los cristales y atenúan la luz de los faros, así que tu capacidad de reacción se reduce justo en el peor momento.

Pero hay más, porque la superficie del agua actúa como un espejo que refleja las luces de los coches que vienen de frente, y eso genera deslumbramientos inesperados que te desorientan por completo. Mira, parece una tontería hasta que te pasa a 100 km/h en una nacional sin arcén, porque ahí el margen de error es prácticamente cero y cualquier segundo sin visibilidad puede acabar muy mal.

Total que circular sin levantar el pie del acelerador al ver un charco es una maniobra tan innecesaria como peligrosa, y lo peor es que la mayoría de conductores ni siquiera se plantea reducir la velocidad.

Limpiaparabrisas de un coche en pleno día de lluvia
Limpiaparabrisas de un coche en pleno día de lluvia | Dominio público

Tu coche se convierte en un trineo

Si crees que debes mantener la velocidad pase lo que pase, deberías saber que existe un fenómeno llamado aquaplaning que anula por completo la adherencia. El agua se acumula entre los neumáticos y el asfalto y crea una película líquida, y en ese momento pierdes el control de la dirección mientras los frenos dejan de responder.

La pérdida de tracción puede durar apenas un segundo, pero es suficiente para que el coche se desvíe de su trayectoria, y las maniobras evasivas que intentas por instinto suelen empeorar la situación, porque el volante no responde como esperas y terminas cruzándote de carril o invadiendo el arcén sin ningún control. Si quieres recuperar el control, lo mejor es levantar el pie del acelerador.

Además, hay otro riesgo que casi nadie contempla, y es que un charco profundo puede frenar el coche en seco por la resistencia del agua, y eso sirmpre pilla desprevenido al conductor que viene detrás. Si no guarda distancia de seguridad suficiente, el golpe está prácticamente garantizado, así que no solo te juegas tu integridad sino también la de los demás.

La factura del taller que no esperabas

Los problemas mecánicos son la otra cara del asunto, y pueden dejarte una cuenta considerable porque el agua penetra en los frenos y reduce su eficacia, mientras que el impacto contra la suspensión y los rodamientos causa daños invisibles que aparecen semanas después en forma de ruidos y vibraciones extrañas. En los casos más graves, el agua entrará por la admisión del motor y provocará lo que los mecánicos llaman un calado hidráulico, que puede destrozar el propulsor por completo y dejarte tirado en mitad de la carretera.

La electrónica tampoco se libra. Los sensores, las centralitas y todo el cableado son vulnerables al agua, y un simple cortocircuito puede provocar fallos en cadena que van desde el sistema de frenado hasta la dirección asistida. Para que te hagas una idea: Una centralita no suele bajar de 500€.

Al final, lo que parece un gesto inocente al volante puede acabar costándote desde una visita al taller hasta un accidente serio. La próxima vez que veas un charco en la carretera, levanta el pie y piensa que esos dos segundos de prudencia te pueden ahorrar un disgusto gordo, porque merece la pena llegar un poco más tarde antes que no llegar.

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