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Además de penas de cárcel

Las duras consecuencias que puede tener no someterte a un control de drogas

En ocasiones pensamos que tan solo nos pueden sancionar por cometer una infracción, pero lo cierto es que negarnos a un control de drogas puede tener un grave desenlace.

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Tener una actitud prudente en la carretera no solo pasa por prestar atención, no usar el teléfono móvil y respetar las señales, sino también por no consumir ni alcohol ni drogas. Y es que, de hacerlo, estaríamos infringiendo gravemente la ley y nos expondríamos a sufrir y provocar un accidente. Sin embargo, son muchos los que consideran que solo nos multarán si nos pillan con alcohol o drogas en sangre, pero lo cierto es que negarse a someterse a un control de drogas tiene duras consecuencias.

Y es que, si lo pensamos, el mero hecho de dar una negativa al agente de la ley a realizarnos el control de drogas ya es síntoma inequívoco de que tenemos algo que esconder. Y aunque no hayamos consumido ni alcohol, drogas o estupefacientes, estamos obligados a someternos a la prueba.

En caso de negarnos, nos encontramos con duras sanciones que caen con el peso de que el agente interprete que hemos consumido drogas y que ese es el motivo de que no queramos hacernos el control. Y es que ya no estamos hablando de multas monetarias, sino de penas de cárcel y de la retirada del permiso de conducir.

Siendo más concretos, podemos enfrentarnos entre seis meses y un año de prisión y la privación del derecho a conducir de entre uno y cuatro años. Debemos tener en cuenta que estas duras sanciones pueden caer sobre nosotros si nos negamos a realizar el control de drogas pero, ¿qué sucede si lo realizamos y detectan la presencia de estas en nuestro organismo?

Si se detectan drogas en el control, la multa es de 1.000 euros y podemos enfrentarnos a una pérdida de 6 puntos del carnet. Sin embargo, hay que tener en cuenta que se distingue también entre tener drogas en sangre y conducir bajo el efecto de estas. En este segundo caso, a la sanción económica se le suma la retirada del carnet de conducir entre uno y cuatro años y una pena de prisión de entre tres y seis meses, aunque conmutables por trabajos a la comunidad.

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